Ni siquiera como viajero en el tiempo en Algo habrán hecho el actor pierde su impronta pelusona.
TV Pública. – De cuando en cuando Televisión Nacional nos sorprende con un alarde cultural de una calidad que contrasta con el resto de la oferta televisiva, incluso al compararla con su misma parrilla programática. «Ojo con el arte», «El show de los libros» y «Nuestro siglo» han sido ejemplos de aquello. Sin ovidar ese famoso especial sobre Neruda (2004) que nadie vio pero todos aplaudieron (la magia de la televisión). Y ahora deslumbra con la pedagógica excelencia de «Algo habrán hecho» (domingo a las 22 horas).
Mampato hay uno solo.- La narración descansa en la conversación del historiador Manuel Vicuña y el actor Francisco Melo. Si hay algo criticable del formato es que TVN y Promocine pudieron haber sido un poquito más ambiciosos y hacer que ambos hayan estado más inmersos en la acción misma. En lugar de ello, prefirieron ver un ficticio noticiario de esa época a través de televisores o notebooks.
Marca Melo.- Acá el rol de Melo se despega bastante poco del de sus personajes en «Los treinta», «¿Dónde está Elisa?» y «Cuarenta y tantos». Algunos ejemplos: cuando el mateo de Vicuña le cuenta que las religiosas de la colonia eran muy poderosas, comentó escéptico y casi riéndose «¿qué influencia para la sociedad puede tener una mujer que pasa todo el día encerrada en un convento?» Su misión es ser la parte poco ilustrada e informal de la dupla, representarnos a todos un poco. Otro: cuando su partner le dice que el corregidor Zañartu fue acusado de malversación de fondos, Melo la agarra llenita y se despacha un sarcástico «¿o sea tiene mano dura y además manilarga? Me suena a historia conocida.» Y cuando más se le nota la veta de vividor empedernido es cuando Vicuña le informa que Ambrosio O'Higgins nunca se casó. Ahí reflexionó Melo en su estilo «¡por eso alcanzó a hacer tantas cosas!».
Hasta chistes le lleva.- El guión, a cargo de Luis Ponce y Gonzalo Peralta, roza con reconfortante frecuencia la brillantez. Nutre de datos históricos, pero sin llegar a saturar con información. Rescata episodios y personajes casi desconocidos para la gran masa (como Úrsula Suárez), pero no se desvía del hilo central. Y reinstala escenas míticas en las mentes de los televidentes, como la de Lautaro (Ariel Mateluna) zampándose el corazón de Pedro de Valdivia sin agregados ni condimentos.
Pepito TV vive.- En el parlamento surgen guiños quizás involuntarios, quizás no, como «los indígenas, liderados por el Mestizo Alejo, mantienen alejados del sur a los españoles». Obvio: Alejo, alejados. Y hubo una escena que parecía rendir tributo al guaripola perdido que interpretaba Fernando Alarcón en un gag del «Jappening con ja». Ésa en que José Miguel Carrera, montado sobre un caballo, grita con su espada en ristre frente a un palacio de La Moneda con las puertas absolutamente cerradas, en una comiquísima recreación de uno de sus intentos de golpe de Estado.


