Viene de Talca, estudió dos años castellano en la universidad, tiene 35 años, 1,78 de estatura, tez blanca, frente amplia; acaba de llegar a Santiago y ya ha sido contratado en un taller mecánico donde cumple funciones técnicas y administrativas que lo llenan de orgullo, al igual que sus crímenes, porque el protagonista de esta novela es un psicópata de tomo y lomo. No me ignores , de Nicolás Poblete, expone con impudicia y precisión los vericuetos más asquerosos de un pervertido que goza masacrando mujeres.
A través de un lenguaje enrarecido y una prosa que se mueve entre la ingenuidad y el morbo desatado, emerge esta voz en primera persona que relata desarticuladamente fragmentos de su vida. Así nos enteramos de una niñez donde emerge el sadismo para continuar con una serie de actos que logran poner en evidencia la psiquis enferma del narrador. En este sentido, la novela cumple con la configuración clásica de un psicópata, claramente indiferente al peso de sus actos, un tipo inmune al dolor que provoca y a su vez muy racional para ejecutar con obsesivo detallismo cada uno de sus planes. El personaje se esmera en mover las piezas de su criminal juego, adoptando una pose de provinciano trabajador, introvertido y hasta gentil para seducir a sus víctimas.
Pero el psicópata no está solo; tiene a Doris, una profesora de historia con quien conforma una perfecta dupla sadomasoquista. El sexo ocupa un lugar tan central como el mal en esta pareja. En realidad, hay una interdependencia absoluta entre sexo y mal; no deja ser importante que la narración insista en que los enamorados privilegien y disfruten al extremo la penetración anal, lo cual pareciera dar a entender que esta práctica es digna de pervertidos y dementes. Aun así, la suciedad que el relato le atribuye a lo sexual le da un aire seductoramente victoriano a esta secuencia imparable de escenas porno-gore.
Y podemos rescatar todavía más aspectos positivos. Sí, porque Poblete no da respiro y su novela se vuelve cada vez más sólida; construye un tremendo protagonista y una excelente galería de personajes secundarios, como la anciana que le arrienda la pieza, el jefe del taller mecánico, la adolescente torturada en la cabaña y la mismísima Doris, su satánica noviecita. El psicópata chilenizado le funciona a Poblete, al igual que la sobredosis de odiosidad y obscenidad que contiene la mayor parte del habla de este personaje que no siente culpa durante casi toda la novela.
Sin embargo, no todo podía ser tan bueno: el aguante de Poblete llega a su fin y llega la hora del feroz, pero feroz condoro. Contagiado con un mal recurrente en los narradores nacionales, que tienden a convertir sus relatos en parábolas del buen vivir, el autor nos golpea con un puñetazo a mansalva: sin más nos da vuelta la historia y ahí quedamos, lamentando un desenlace tan, pero tan imbécil.
No me ignores
Nicolás Poblete
Editorial Cuarto Propio, 2010, 210 páginas.


