Administrador entrega consejos a sus clientes en tienda especializada en pesca
Este local es como una juguetería y se van entusiasmando, cuenta Patricio Rodríguez.
En Avenida General Bustamante, en la comuna de Ñuñoa, terminando la década de 1990, Alberto Rodríguez decidió ocupar el segundo piso de su negocio de repuestos de autos para comenzar otro de pesca. Su hijo, Patricio, recuerda que «en ese tiempo no llegaban tantas marcas de productos. Sin embargo, fue creciendo y nos cambiamos para esta propiedad en 1996, en Bustamante 833, donde actualmente está Equipesca, cuyo nombre se debe a la representación que tengo de la marca brasileña». En local está a pocos metros de la estación de Metro Irarrázaval.
Patricio Rodríguez, ingeniero en negocios de profesión, comenzó a administrarlo hace diez años. «Lo que más nos caracteriza es la variedad de señuelos, tenemos alrededor de 20 marcas, destacando Rapala y Okuma, entre otras. Normalmente, las tiendas de este tipo son como si fueran casi de pesca, porque se van más a la caza, ya que genera más que la primera. Nosotros sacamos todo el armamento (para caza) y ahora somos ciento por ciento pesca», explica. A su portafolio de productos, añadió la marca propia que creó, «Sea Moon». «Esto me permite tener un mayor margen de utilidad, pero considerando que los clientes de pesca siempre saben lo que están comprando», precisa.
En cuanto a cañas, la variedad también es amplia, sus precios comienzan en $8.000 hasta $400.000. «Con $60.000, alguien que quiere partir y no tiene equipo, se puede armar con lo básico, sin considerar el traje», detalla (más información en ) . En cuanto a la pesca con mosca, implica un presupuesto considerablemente mayor.
La honestidad, a la hora de vender, dice que le ha permitido tener éxito en el rubro: «Si un cliente me dice que irá a pescar a la zona de Llanquihue, pregunto si lo hará en bote o se internará en los ríos. Si opta por este último, le paso una caña y un carrete más chicos y sensibles y un nylon adecuado. Me interesa que pesque, para que vuelva, más que gaste mucha plata de una sola vez», opina el administrador.
«Este local es como una juguetería y se van entusiasmando. Normalmente, es un negocio súper relajado, son pocos los clientes complicados. Cuando vienen acá, usualmente, luego se van de vacaciones, entonces, nunca llegan enojados. Vienen con buena onda y pasan a ser amigos o se encuentran aquí», destaca, y añade que todos los que trabajan en el local saben de pesca.
«En mi caso, yo soy de mar, me encanta la corvina y sentir la brisa. Usualmente, voy a Ritoque que es lo más cerca que me queda», afirma.


