Experimento demostró que el apurete ganó apenas cuatro minutos y kilos de estrés
Pensar que el carril del lado avanza más que el propio es solo un efecto sicológico, dicen los que saben.
Es típico. Basta enfrascarse en un taco para ver con envidia cómo la pista del lado avanza más rápido. Y lo que viene es clásico. Aprovechamos un pequeño espacio para cambiarnos de carril, provocando frenazos, bocinazos y, obvio, palabrotas. El punto es que no se ganará tiempo ni se saldrá antes de la congestión, según estableció un experimento que hizo la TV canadiense.
Se pidió a dos conductores que recorrieran la misma ruta y a la misma hora por una autopista con varios kilómetros de atochamiento. A uno le encargaron que cambiara de pista tantas veces como pudiera y al otro, que permaneciera en la suya todo el rato. Al llegar al destino, el impaciente ganó míseros cuatro minutos en un recorrido total de ochenta. Y a esa frustración súmele todo el estrés que implica ser el apurón al que los demás conductores miran con lástima y le echan uno que otro garabato.
Además, un estudio científico realizado por las universidad de Toronto y la de Stanford, confirmó los resultados de la TV de Canadá. «La ganancia en estos cambios de pista son menores de lo que uno cree y los conductores son propensos a fallar cuando estiman las velocidades de otros autos en las carreteras congestionadas», concluyeron los investigadores, que también simularon un taco virtual y descubrieron que el auto «adelantador» se cambió tantas veces de pista, que al final pasó más tiempo siendo adelantado por otros.
En Chile esto se ve a diario, a pesar de que los usuarios están claros. «No se gana nada adelantando, pero en cualquier lugar donde hay taco se ve la impaciencia de los conductores», admite Vicente Faúndez, presidente de los Automovilistas Unidos de Chile.
Crescente Urrutia, decano de la Facultad de ingeniería de la Utem y catedrático de transporte y tránsito, cree que esto de adelantar es casi un reflejo condicionado: «Hay una actitud espontánea de los conductores que instintivamente tienen la reacción de cambiarse de carril. Hay un efecto sicológico, creen que van a ganar más tiempo, pero al llegar a su destino se dan cuenta que tardaron lo mismo».
Probablemente Cristián Velasco es una de las personas que más sabe de congestión vehicular. En octubre su programa «La hora del taco» de «Radio Universo» cumplió 15 años acompañando a los automovilistas en los peores horarios. «Yo propongo que la gente se relaje, que ocupen el tiempo para reflexionar y se entretengan en la medida de lo posible», comenta.
Por si no quedó claro, en la Comisión Nacional de Seguridad del Tránsito (Conaset), explican que «la tendencia de cambiar de pista en los conductores, cuando hay congestión vehicular o embotellamientos, es errónea, ya que en la práctica, en tramos extensos, todas las pistas tienden a igualar sus tiempos de viaje total».
300 mil topones hay cada año en Estados Unidos por cambiarse de pista una y otra vez.
No se estrese, chofer
Ogro al volante: del bocinazo a los aletazos
La sicóloga María Elena Vásquez explica que la persona detrás del volante sufre una transformación cuando hay congestión. La mutación suele partir en el simple bocinazo y puede llegar hasta la agresión física. «El conductor parte por un análisis de cómo poder sortear el taco. Si se ve acorralado, busca estímulos como la música o la conversación, que lo ayudan, pero eso no lo saca del estrés», dice ella.
Agotada la paciencia se acaba, suele tocar la bocina como enfermo o derechamente meter la nariz del auto sin respetar nada. «Ahí los afectados de otros vehículos pueden ser agresivos ante esta imprudencia y la situación se descontrola, porque el chofer responsable puede reaccionar con violencia», agrega.


