José Espinoza quedó sepultado a 260 metros de profundidad, tras un derrumbe en la mina Pampa Camarones
Iván Silva, jefe de la brigada que llevó a cabo el rescate, dice que recién se quebró cuando salió a la superficie y sus compañeros lo abrazaron.
Espinoza estaba atrapado a 260 metros de profundidad, al interior de la mina Pampa Camarones, ubicada a 90 kilómetros del sur de Arica. Cuando ocurrió el derrumbe, a las 23:30 horas del lunes, se encontraba removiendo escombros en una galería.
El minero trabajaba a bordo de un camión Scoop LH410 Sandvik. Un vehículo de bajo perfil, como lo denominan en la minería, pero que en realidad pesa 26 toneladas y tiene 10,34 metros de largo con la pala incluida, 2,4 metros de alto y 2,7 metros de ancho. «Estos equipos cumplen ciertas especificaciones en la cabina, lo cual protege al operador. Él se mantuvo durante estas 45 horas dentro de la cabina y por eso él no sufrió ningún daño», afirma Iván Silva, jefe de Brigada Emergencias y Rescate de la gerencia de minas de Codelco.
Silva llegó a Arica la madrugada de este miércoles junto a un equipo multidisciplinario especializado en estructuras colapsadas, de El Teniente. Relata que fue un mega operativo diseñado por Rodrigo Andrades, gerente de mina de Codelco.
Lo primero que hizo fue reunirse con el personal del GOPE de Carabineros, de Sernageomin, Senapred que se encontraban trabajando en Pampa Camarones. «Esta mina tiene forma de caracol en su interior. Espinoza estaba en el nivel 260. Cuando colapsó la galería, su equipo quedó con 20 metros de rocas mineralizadas, que contienen principalmente cobre, encima».
¿Cómo fue el rescate?
«Fue complejo. En el momento que sacas un poco de ese cerro de rocas se siguen desprendiendo de la parte superior. Removíamos el material con retroexcavadoras y lo sacábamos con cargadores frontales. La técnica es bloquear el mineral, que en la jerga minera se conoce como corte».
¿En qué consiste ese corte?
«Se van haciendo fortificaciones con madera y cañerías para bloquear el desplazamiento del mineral. Es como una pared que se arma para llegar hasta la cabina donde se encontraba el operador atrapado. Finalmente, pudimos acceder a José y sacarlo por la ventana que es la salida de emergencia de su equipo».
Con una radio
José Miguel sólo tenía una botella con agua y una radio con la que se mantuvo en contacto con sus compañeros. «El agua se le acabó tres horas antes que pudiéramos rescatarlo. Así que tuvimos que crear un acceso para poder enviarle agua para que se mantuviera hidratado», dice Silva.
¿Cómo estaba de ánimo?
«A pesar de la gran cantidad de horas que estuvo atrapado, él se mantuvo sereno hasta el final. Nosotros estuvimos en constante comunicación, informándole las maniobras de rescate que estábamos llevando a cabo».
El equipo de rescate también iba informando de los avances a la superficie para que la familia del minero, principalmente su esposa y su hija, estuvieran al tanto.
Estaban trabajando contra el tiempo.
«Estuvimos desde las siete de la mañana hasta que lo sacamos trabajando sin parar. Sabíamos que estaba protegido en esa cabina y eso nos tranquilizaba. Pero José no tenía espacio para bajarse y estirar las piernas. Estuvo sentado en la misma posición, sin moverse. Nos llamó la atención la cantidad de horas que se mantuvo consciente, colaborativo y con buen estado de ánimo. No cayó en desesperación».
¿En algún momento se quebró?
«Recién cuando lo sacamos a superficie y se reencontró con sus compañeros afloraron las emociones. Ellos lo abrazaron y él se emocionó».
«Es importante destacar el trabajo que desarrollamos, ya que apenas se recibió la notificación del accidente, un equipo de profesionales del servicio se dirigió a la mina para comenzar la investigación pertinente y coordinar las acciones con el fin de rescatar al trabajador», resume Patricio Aguilera, director nacional de Sernageomin.


