Este domingo celebrará su primer Día del Niño como madre de dos hijos
Suma 3,2 millones de seguidores en TikTok: partió grabando frente a una sábana fijada con tachuelas.
A los 15 años, con un recién nacido y el colegio a cuestas, Constanza Silva quería que su pieza se pareciera a la de los youtubers que seguía. Le pidió a su mamá una sábana vieja, recortó los elásticos de las esquinas y la colgó con tachuelas. «En mis videos de ese tiempo se veía un fondo blanco iluminado: era una sábana y las luces del árbol de Navidad. Quería que la gente viera mis videos no sólo por mi historia, sino porque realmente podía hacerlos pasar un buen rato», recuerda.
Ese set improvisado terminó evolucionando a una de las comunidades de crianza más grandes de Chile: 3,2 millones de seguidores en TikTok, 929.000 en Instagram y 650.000 suscriptores en su canal de YouTube, ConyyErkan (https://s.lun.com/yotwev).
Hoy Constanza tiene 21 años, vive entre Santiago y Viña del Mar, y es mamá de Erkan (6) y de la pequeña Eleanor.
La joven se enteró de su primer embarazo a los 14 años, recién empezando la enseñanza media. Vivía con su mamá y sus hermanos, estudiaba de día, cuidaba a su hijo, cocinaba, ordenaba y de noche editaba lo que subía a internet. «Superé un posparto a los 15 años. Terminé el colegio con muy buenas notas. Mi mamá muchas veces me iba a buscar en la madrugada y me decía que por favor descansara, porque realmente yo no dormía», cuenta.
En la universidad la ecuación no cerró. Entró a estudiar Diseño de Ambientes, pero duró un año y medio: los trabajos grupales se coordinaban tarde y lejos de su casa, y los horarios no calzaban con los del jardín de Erkan. Cuando pidió permiso al director de carrera para ir a un baile que el niño había ensayado durante meses, la respuesta fue una sonrisa de desinterés y una frase: «Tú tienes que ver cuál es tu prioridad». En otra ocasión la mantuvieron esperando afuera con su hijo, porque no la dejaban entrar a dejar un trabajo. Después de eso se dedicó por completo a las redes.
El papá de sus dos hijos es el mismo pololo que conoció en 2018. Se separaron un tiempo («éramos tan chicos, en verdad era un poquito tóxica la cosa») y se reencontraron coordinando los cumpleaños de Erkan. Él trabaja en un local y hace poco partió con videos de cocina. Eleanor, en cambio, fue conversada y planificada: prepararon la casa y su pieza antes de intentarlo.
Este domingo 9, Constanza celebrará por primera vez un Día del Niño con dos hijos.
¿Qué recuerda de esta fecha cuando era chica?
«En mi casa no se solían celebrar estas festividades. Siempre nos dijeron que no existía el Viejito Pascuero, que el Ratoncito Pérez tampoco y ni hablar de duendes mágicos. Era un día normal en familia: se trataba de compartir en juntas familiares con lo típico: empanada, pastel de choclo o asado. Tengo muy lindos recuerdos, pero es muy diferente a cómo lo vivo hoy».
Maduró de golpe: ¿quedó algo pendiente de esa etapa?
«No siento que me pasara la cuenta. Estoy muy agradecida de tener una tremenda red de apoyo y he podido vivir lo mejor de dos mundos: tengo mi espacio para ser amiga, pareja y joven. Por supuesto que no es lo mismo que tener 21 años sin hijos, pero me cuesta darme cuenta de que a veces es necesario darse el tiempo para despejarse. Si tengo un rato libre, me considero más regalona de la almohada que de salir».
Se dice que los papás jóvenes son más compañeros que autoridades. ¿Cómo funciona eso con Erkan?
«Yo creo que hemos sabido manejar bien los límites. Le hemos dado la confianza y mucho amor, pero finalmente seguimos siendo sus papás. Siento que es un prejuicio hacia los papás jóvenes: es verdad que nos encanta jugar con él, pero ese niño o niña interior en verdad vive en todos los padres o madres».
Eleanor llegó cuando ya llevaba seis años de maternidad. ¿Qué se siente tener una guagua de nuevo?
«Volver a empezar ha sido un desafío. La diferencia es que hoy tengo otra madurez, estoy en mi casa con mis reglas y mis decisiones, y me siento mucho más segura porque sé qué hacer si se resfría o cómo bañarla. Me considero experta en cortar uñas: me demoro un par de segundos y lo tengo resuelto. Ahora valoro mucho más el tiempo, porque ya sé lo rápido que pasa, entonces trato de disfrutar al máximo cada momento con los dos».
En Chile nacen cada vez menos niños. ¿Cómo se ve ese fenómeno desde su generación?
«Creo que de por sí la maternidad ya es súper desafiante y desgastante emocionalmente, y la sociedad se encarga de hacerlo aún más difícil en vez de ayudar. No creo que la gente de mi edad no tenga ganas de tener hijos, al menos no todos: simplemente no están dispuestos a traer hijos que no van a poder criar. Mi generación sabe que traer niños al mundo no es una necesidad, sino más bien un lujo. Y yo sí veo menos niños: cuando era pequeña nos llevaban a bañarnos a la pileta de la plaza y había un montón. Ahora en verano ni siquiera está la pileta».
«Mi generación sabe que traer niños al mundo no es una necesidad, sino más bien un lujo»


