Corre el Anillo

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Hace ya tres décadas que el Teatro Municipal de Santiago presentó, a un ritmo de una por año, las cuatro partes de «El Anillo del Nibelungo» de Richard Wagner. Desde entonces ninguna de ellas ha regresado a escena.

Ante esta ausencia, un gran acierto ha sido que en la temporada de conciertos de su Orquesta Filarmónica ese teatro haya revivido la tetralogía wagneriana con el estreno en Chile de «El Anillo sin palabras». Es una suite sinfónica (sin canto) concebida por el famoso director Lorin Maazel, que en setenta y cinco minutos transita cronológicamente por el desarrollo de esas óperas que en conjunto suman una enormidad de tiempo.

A diferencia de lo que en ámbitos discográficos se compendia como «fragmentos orquestales» de este magno legado, cada uno acotado, esta suite hace correr literalmente el Anillo. Ello porque si bien rescata (no todos) esos famosos trozos, los trabaja disminuidos y los mezcla con otros pasajes en un continuo muy bien enlazado sin pausa alguna. El conocedor profundo puede quedar con gusto a  poco, pues la propuesta corre demasiado y omite momentos icónicos. Se dice que la duración la determinó la capacidad de un CD, donde la suite se perpetuaría.

Con la dirección de Paolo Bortolameolli, la Orquesta Filarmónica de Santiago se mostró muy reforzada en todas sus filas, superando los ochenta integrantes. Entre ese crecido contingente instrumental que copaba el escenario llamaron la atención dos arpas, dos juegos de timbales y cuatro tubas wagnerianas. Tremendo.

«El Anillo sin palabras» comienza con el largo y creciente preludio de «El oro del Rin» y culmina con la conclusión de «El ocaso de los dioses». En ellos y en los múltiples momentos que va presentando la saga nibelunga una potente Filarmónica actuó con firmeza y elocuencia narrativa bajo la perfecta conducción de Bortolameolli. Pero, claro, destacaron más aquellos fragmentos ultra conocidos, debiendo citarse lo que fue la llegada de la «Marcha Fúnebre» de Sigfrido, con una sonoridad e impacto sobrecogedores, En otros episodios la música fluyó con matices incidentales o cinematográficos, donde se hubiese querido ver imágenes.

Una vez más Bortolameolli exhibió su enorme capacidad de director orquestal. Fue todo un Señor del Anillo. Este año la batuta aún le espera para comandar las complejidades de la ópera «Salomé» de Richard Strauss en el Municipal y la suite sinfónica «Sheherazade» de Nicolai Rimski-Korsakov con la Orquesta Foji en Corpartes. ¡Save the dates!

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