Investigadores le pusieron fecha al día cero absoluto
Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia estudió el futuro hídrico de la capital.
¿Qué pasaría si Santiago se quedara seco, sin aguas superficiales ni subterráneas?
Ese día, que para el mundo académico se llama «cero absoluto», llegará en un rango mínimo de 50 años pero, si se adoptan diversas medidas, podría tardar mucho más en manifestarse.
Un grupo de investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 de la Universidad de Chile, coordinado por la académica Camila Álvarez, elaboró un informe y recomendaciones de seguridad hídrica (ver el informe completo en https://goo.su/HoqF4h) en que concluyen que estamos encaminados al temido «día cero absoluto».
«En un escenario adverso, de menor disponibilidad hídrica y de mayor uso del agua, es probable que la mayoría de las cuencas de la zona centro y norte del país experimenten de forma permanente niveles altos y extremos de estrés hídrico a mediados de este siglo», dice la investigadora.
Asegura que si se considera el uso actual de agua, en que entre el 30 y 65% son subterráneas, «el tiempo para agotar el acuífero sería de entre 50 y 200 años». Agrega que «de no revertir el uso no sostenible de estos recursos, una futura generación será la que enfrente los impactos».
«Lo que estamos haciendo con el análisis del día cero es mostrar que los usos totales del agua dentro de la Cuenca del Maipo, durante la megasequía, han sobrepasado la disponibilidad hídrica natural», dice.
Explica que la disponibilidad es el agua que escurre luego de su evaporación y que, además, recarga los acuíferos. Pero si se extrae a una tasa mayor a la que ingresa, se produce un descenso sostenido de los pozos, como ya ha ocurrido en seis décadas.
«Si esto continúa así, significa que se podrían agotar eventualmente esas reservas y a eso le llamamos cero absoluto», plantea.
Camila Álvarez precisa que el rango es amplio, de entre 50 y 200 años, porque depende de varios factores y aún hay incertidumbre, como saber cuánta agua queda realmente en los acuíferos, cuál será la tasa de recarga y cuánta se seguirá extrayendo.
«Pero el mensaje acá es que, más que saber cuánto tiempo falta, es que nos estamos encaminando a ese día cero absoluto, hacia el agotamiento de las reservas», asegura.
Según la investigadora, los impactos ya se pueden apreciar en la agricultura y los cauces, por ejemplo, y que «nos tenemos que preparar para revertir este agotamiento de reservas». La académica plantea que se pueden buscar otras fuentes o disminuir el uso para que no ocurra lo de Ciudad del Cabo y que estuvo a punto de repetirse en Uruguay.
Aclara que no está abordando un corte de agua para Santiago en 50 años, sino que si se sigue así, se pueden agotar las reservas de la cuenca.
«Estamos usando ahora ahorros que deberían quedar disponibles para generaciones futuras», advierte.


