Tomás de Gavardo y Ruy Barbosa Jr. hablan de su amistad forjada en torno a las motos
Ambos pilotos pasaron juntos por la zanja de Caldera donde, en 2002, Barbosa padre auxilió a Carlo de Gavardo tras un grave accidente.
Casi aprendieron a subirse a una moto antes de caminar. Mientras otros niños jugaban con autitos, Tomás de Gavardo (25) y Ruy Barbosa Barceló (26) ya vibraban con la adrenalina por el rugido de los motores. No tuvieron mucha opción, eso sí, porque llevan apellidos ilustres dentro del mundo tuerca, en el que sus padres, Carlo y Ruy, dejaron huella.
Sus caminos se cruzaron en la infancia y, más de dos décadas después, ambos pilotos mantienen una amistad que continuará afianzándose para emprender nuevos retos juntos (ver página 16).
«Tengo una foto con Tomás cuando yo tenía 5 años, estábamos juntos entrenando en la playa. Él no corría tanto en moto entonces, mientras que, en mi caso, de guagua nunca me subieron a una cuna, sino a una moto (ríe)», cuenta Ruy IV (IG: @ruy14).
¿Recuerda su primera moto, Ruy?
«Sí, una Honda CRF50. Ahí partió todo. Nuestros padres corrían juntos y ahí estaba siempre con Tomás. Cuando nuestros viejos competían, nos dejaban esperándolos dentro de la carpa».
¿Qué dice su padre del giro que hará hacia el rally con Tomás?
«Él me ha apoyado siempre, también cuando, a los 16 años, me fui a vivir a Europa para empezar mi carrera. Somos cuatro hermanos y soy el único hombre. Él sabe que entre el enduro, que es lo que he venido haciendo y donde fui campeón del mundo en 2018, y el rally, hay muchas diferencias. La principal es que la vida está mucho más en riesgo, y eso le asusta un poco».
¿Y eso le hace replantearse su decisión?
«Al final es lo que uno decide. Mi viejo lo hizo en su momento, mi abuelo también en el rally, pero en auto. Y ahora yo asumo su legado y puedo tomar mi propia opción. Mi viejo fue campeón del mundo en bicicross dos veces cuando chico. Después se pasó al enduro, luego empezó a correr rally junto a Carlo y ahí se accidentaron».
El fin de semana pasado, Ruy IV y Tomás entrenaron por primera vez juntos en el desierto nortino y pasaron por el lugar en que se accidentó Carlo en 2002, cuando fue auxiliado por Ruy III tras una fuerte caída que lo dejó con un TEC, dos fracturas y luxación del codo derecho.
¿Existe esa zanja aún, Ruy?
«Eso fue en Caldera, pero con el tiempo ya no está igual. Mi viejo, hace años, me la había mostrado. Con Tomás íbamos los dos en la mitad del desierto, súper rápido. Y yo decía: Mira, mi papá allá, junto a tu papá, hicieron lo mismo. Como que tuvimos una sensación súper extraña de volver a ver dónde nuestros viejos corrieron y vivieron lo del accidente».
Nuestros padres, cuando competían en moto, me imagino que no pensaban que sus hijos se iban a dedicar a esto, y de buena forma», añade Tommy (IG: tomasdegavardo), primogénito del recordado Cóndor de Huelquén, quien falleció en julio de 2015 cuando estaba a pocos días de cumplir 46 años.
¿Qué echa de menos de su padre, Tomás?
«En la época en que mi padre se fue, era cuando recién lo estábamos disfrutando. Porque cuando era más pequeño, mi papá no estaba en la casa, sino que andaba entrenando, corriendo, en conferencias. El perder a mi papá tan joven fue una pena tremenda para toda la familia. Lo extraño todos los días. Es algo con lo cual es difícil convivir, pero son cosas de la vida».
¿Qué cree que sentiría él de lo hecho hasta ahora por sus dos hijos?
«Estaría orgulloso de lo que hemos logrado con Mateo (22), y sobre todo porque hemos sabido salir adelante. Él siempre nos decía que, si vas a hacer algo, haz lo mejor posible. Mi hermano se fue a vivir a los 17 años a Europa y hoy es mecánico de moto, trabaja para KTM. Esa es su pasión. Compitió en moto mucho tiempo, pero se decidió por donde él se veía más capaz. Lo admiro mucho».
Y cómo carga con la responsabilidad de llevar un apellido tan querido?
«Creo que mi papá, más que piloto, era una buena persona. La gente se acuerda de eso. La humildad que él traspasó, la forma de ser. Era un ser simpático, y eso es lo que más me dice la gente. Para mí eso es maravilloso porque es una enseñanza tremenda. Trato de recoger las cosas buenas que él dejó en esta vida».


