Ejemplo: un sicólogo en 2016 sacaba su cartón en 12 semestres; hoy lo hace en 11
Inciden el sistema de aseguramiento de la calidad y la gratuidad, opina académico.
Una de las conclusiones del reciente Informe de Duración Real y en Exceso de los Programas de Educación Superior, publicado por la Subsecretaría de Educación Superior, es que los alumnos se están demorando menos en obtener su título o grado.
A nivel de todo el sistema de pregrado (universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica), entre 2016 y 2025 el promedio de duración real -desde que un alumno entra hasta que se titula- ha bajado casi un semestre. Hay carreras específicas, como Kinesiología, Medicina Veterinaria o Arquitectura, donde en la última década la disminución ha sido mayor (ver tabla).
Las cifras se han consolidado en los últimos años: en 2025, quienes se titularon de carreras regulares de pregrado demoraron, en promedio, 9,53 semestres en obtener su título o grado, lo que representa una baja de 2,1% respecto de 2024 y de 5,4% respecto de 2021.
Pese a los avances, el tiempo promedio que le toma titularse a los alumnos de las universidades sigue estando lejos de la duración que indica la malla de la carrera (conocida como duración formal). Esta brecha es bastante menor en los IP y CFT, que imparten programas más cortos.
Según las cifras del informe, 63,2% de los estudiantes demora más de lo estipulado en obtener su cartón, 31% logra titularse dentro del plazo que indica su plan de estudio y 5,9% se titula antes.
Los motivos
«Ha bajado de manera importante el tiempo extra que les toma a los estudiantes terminar las carreras», aclara Sergio Celis, académico de la Universidad de Chile e investigador en educación superior. «Es una buena noticia para el país y para los estudiantes, que pueden ingresar más temprano al mercado laboral y continuar con sus proyectos», agrega.
¿A qué se debe esta caída? «Es por varias razones. Una de ellas que las instituciones están haciendo un mejor trabajo en acompañar a los estudiantes; tanto en diseñar carreras que tengan mayor flexibilidad para que, por ejemplo, si reprueban un ramo no tengan que esperar mucho tiempo para seguir avanzando, como en los procesos de titulación, que solían ser muy largos y con poco seguimiento», explica.
Las instituciones se han visto presionadas en esos aspectos por el sistema de aseguramiento de la calidad. «Ponen mucho acento en el monitoreo y acompañamiento de los alumnos», destaca el académico.
Otro factor es la irrupción de la gratuidad. «Tiene ciertas restricciones: dura para el plazo de la carrera y las demoras van generando costos que el estudiante tiene que abordar de otro modo. Entonces, se genera presión para que los estudiantes y las instituciones hagan este proceso lo más eficiente posible», plantea.
Aparte de la titulación, el otro gran cuello de botella que retrasa el sistema se produce al primer año, con el ingreso de los alumnos desde el colegio: muchos llegan con una formación no tan sólida, especialmente en ciencias, y se dedica tiempo extra a nivelarlos. «Eso va a costar que se vaya del todo; para que esto fuese más eficiente aún, los estudiantes deberían llegar mejor preparados. La adaptación alarga la estadía y, mientras tengamos esos problemas, las carreras van a seguir durando más tiempo», advierte.


