Hijo de Terry Jones y de Ana María Navarrete, ambos basquetbolistas, se lució en la Roja cestera
A una semana de la histórica victoria en Valdivia, el escolta habla de su feliz presente deportivo y como padre.
«Mi mamá fue seleccionada nacional durante veinte años y mi padre fue un extranjero que llegó a jugar acá en los 80», cuenta Darrol Jones, una de las figuras del seleccionado de básquetbol que la semana pasada venció a Argentina (79 a 77) en el marco de las clasificatorias a la FIBA AmeriCup 2025, un hito que no se lograba desde 1955.
Es hijo de dos recordados ex basquetbolistas: la porteña Ana María Navarrete, quien dejó una huella imborrable en la selección femenina entre los 80 y 90, y del estadounidense Terry Jones, quien en 1985 aterrizó en Chile para actuar en Liceo de Curicó y se fue en 2004, luego de verse envuelto en problemas de adicción que incluso le ocasionaron líos judiciales. Acá también quedaron los tres hijos que tuvo con distintas mujeres: Thomas, Darrol y Ty.
¿Cómo ha sido esta semana luego de esa jornada ante Argentina?
«Estamos muy contentos de que la gente se alegrara por algo que no se lograba hace 69 años. Ahora intentaremos clasificar a la AmeriCup».
¿Quién le enseñó a lanzar?
«Mi abuelo, Héctor Navarrete. Él me enseñó, a practicar tiros libres desde chico en el patio de mi casa en Quilpué, que era de cemento. Él ya falleció».
¿Y cómo está su mamá?
«Muy bien, está viviendo en Reñaca. Y tengo una hermana, por parte mamá, Martina Orellana, a la que llamaron a la preselección chilena. Nació en 2004. Y por parte de papá tengo un hermano, Ty, que también juega, está en mi club, Los Leones, y tiene 21 años. Tengo también un hermano mayor, Thomas, que es diseñador gráfico y vive en San Francisco».
¿Y tiene relación con su padre?
«Sí, contacto por teléfono netamente. El último año que viví con él fue en Santiago y me fui a estudiar a Boston College. Estuve un semestre y vivía con él y estaba también mi hermano pequeño, que tenía unos seis meses. Yo tenía 10 años. Luego de eso, mi papá se volvió a Estados Unidos en 2004. Hace veinte años que no lo veo. Pero luego de varios años comencé a tener contacto con él de nuevo y con mi familia en Estados Unidos».
Él tuvo problemas en Chile, ¿cómo está ahora?
«Está bien, rehabilitado de todos los problemas que tuvo y trabajando. Es de California y vive ahora en Moreno Valley. Siempre me dijeron que ese tema era también una enfermedad y mi mamá siempre me dijo que mi papá era una buena persona, pero que hay algunas que caen en problemas, aunque no por eso iba a dejar de ser mi padre. Con el tiempo uno se pregunta por qué no está al lado tuyo, pero a medida que vas creciendo vas sanando esos problemas que tienes y entiendes. Me acuerdo que para los Panamericanos había jugado un partido mal y después de eso lo llamé para que me diera consejo y me dijera cómo jugar, y conoce a mi hijito por videollamada».
¿Usted ya formó su familia, entonces?
«Sí, tengo mi pareja, Bárbara Lanzarini. Mi hijito tiene 4 meses, los cumplió el 24 de febrero. Se llama Tyreke. Lo mejor que me pudo pasar es haber sido padre. Estoy muy enamorado de mi mujer e intentando cambiarnos ahora a una casita. Y nos vamos también con nuestra mascota, Mía, una bulldog inglés».
Es hijo de dos recordados ex basquetbolistas: la porteña Ana María Navarrete, quien dejó una huella imborrable en la selección femenina entre los 80 y 90, y del estadounidense Terry Jones, quien en 1985 aterrizó en Chile para actuar en Liceo de Curicó y se fue en 2004, luego de verse envuelto en problemas de adicción que incluso le ocasionaron líos judiciales. Acá también quedaron los tres hijos que tuvo con distintas mujeres: Thomas, Darrol y Ty.
¿Cómo ha sido esta semana luego de esa jornada ante Argentina?
«Estamos muy contentos de que la gente se alegrara por algo que no se lograba hace 69 años. Ahora intentaremos clasificar a la AmeriCup».
¿Quién le enseñó a lanzar?
«Mi abuelo, Héctor Navarrete. Él me enseñó, a practicar tiros libres desde chico en el patio de mi casa en Quilpué, que era de cemento. Él ya falleció».
¿Y cómo está su mamá?
«Muy bien, está viviendo en Reñaca. Y tengo una hermana, por parte mamá, Martina Orellana, a la que llamaron a la preselección chilena. Nació en 2004. Y por parte de papá tengo un hermano, Ty, que también juega, está en mi club, Los Leones, y tiene 21 años. Tengo también un hermano mayor, Thomas, que es diseñador gráfico y vive en San Francisco».
¿Y tiene relación con su padre?
«Sí, contacto por teléfono netamente. El último año que viví con él fue en Santiago y me fui a estudiar a Boston College. Estuve un semestre y vivía con él y estaba también mi hermano pequeño, que tenía unos seis meses. Yo tenía 10 años. Luego de eso, mi papá se volvió a Estados Unidos en 2004. Hace veinte años que no lo veo. Pero luego de varios años comencé a tener contacto con él de nuevo y con mi familia en Estados Unidos».
Él tuvo problemas en Chile, ¿cómo está ahora?
«Está bien, rehabilitado de todos los problemas que tuvo y trabajando. Es de California y vive ahora en Moreno Valley. Siempre me dijeron que ese tema era también una enfermedad y mi mamá siempre me dijo que mi papá era una buena persona, pero que hay algunas que caen en problemas, aunque no por eso iba a dejar de ser mi padre. Con el tiempo uno se pregunta por qué no está al lado tuyo, pero a medida que vas creciendo vas sanando esos problemas que tienes y entiendes. Me acuerdo que para los Panamericanos había jugado un partido mal y después de eso lo llamé para que me diera consejo y me dijera cómo jugar, y conoce a mi hijito por videollamada».
¿Usted ya formó su familia, entonces?
«Sí, tengo mi pareja, Bárbara Lanzarini. Mi hijito tiene 4 meses, los cumplió el 24 de febrero. Se llama Tyreke. Lo mejor que me pudo pasar es haber sido padre. Estoy muy enamorado de mi mujer e intentando cambiarnos ahora a una casita. Y nos vamos también con nuestra mascota, Mía, una bulldog inglés».


