De ciencia ficción: ciegos pronto verán por la lengua

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Revolucionario invento está siendo probado en Gran Bretaña

El conejillo de Indias es Craig Lundberg, ex soldado que perdió la vista en Irak. Es parecido a las burbujas del champaña, cuenra.

¿Recuerda esos extraños dulces llamados «Peta Zeta», aquellas granuladas golosinas que explotaban en la lengua? La misma sensación obtiene Craig Lundberg cuando pone en su boca un cable que termina en un extraño dispositivo eléctrico que pincha sus papilas gustativas.

En realidad, el hombre no va saboreando caramelos como un niñito. Más bien recupera de a poco la visión que tuvo hasta hace tres años, cuando una granada en Basora, Irak, lo dejó sumido en las penumbras en los tiempos en que era soldado de las tropas británicas de ocupación.

Por estos días, y sin ánimo de hacer metáfora, Lundberg se aferra a un haz de luz. Todo gracias a un invento que puede ser la esperanza de los no videntes: el Brainport.

La creación, que reemplaza el sentido del gusto por el de la visión, utiliza lentes ahumados, una cámara y una terminación que se implanta en la lengua. «A través de unas gafas de sol que llevan instalada una cámara, ésta va conectada a un aparato que convierte estas imágenes en estímulos eléctricos y los pasa a la lengua a través de un tubo de plástico que finaliza en una especie de Kojak lleno de microelectrodos. Según la intensidad es que las imágenes varían del blanco al negro y al gris», detalla «El Mundo».

Así el ciego se va haciendo de imágenes con sensaciones similares a bebidas espumantes. «Es parecido a las burbujas del champaña cuando saltan», cuenta el joven de 24 años a la BBC. Luego explica qué sintió cuando se le mostró un cartel con la palabra CAT (gato). «Sentí con mi lengua que la primera letra era C y luego me moví a la siguiente. Después anduve por un pasillo y una puerta y sentí las paredes y la gente que caminaba hacia mí», agrega.

El descubrimiento, creado en EE.UU. y puesto a prueba por la defensa inglesa, está sujeto a perfectibilidad. Las imágenes tienen una nitidez de 400 puntos que transmiten a 30 fotogramas por segundo. Una visión en normalidad está en el ámbito de los 4 mil puntos. Y la segunda incomodidad: mientras se utiliza no se puede ni hablar ni comer, debido al tubo que ingresa por la cavidad bucal. «La idea es crear un producto más pequeño y que pueda tenerse entre los dientes», apunta «El Mundo».

Hasta ahora Lundberg mantiene las esperanzas, sin despegarse de la tierra. «Es un potencial que puede cambiar mi vida, pero sé que no me devolverá la visión. Además, no dejaré a Hugo, mi perro lazarillo», cuenta.

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