Decadencia impura

Fecha:

FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):

FOTO 1
Ruta: /2015/01/03/Cultura@1_G5H2F7NK1_1_CUL_COL_Montanes_0301_IMG.jpg
Título/Pie de foto: Vicente Monañés


Estoy perdiendo el tiempo, vida hay una sola, las arrugas chisporrotean: cortocircuito en cualquier instante. Debo lanzarme a vivir, como en las viejas canciones de Leonardo Favio.

Vicente Monañés

«Abril es el mes más cruel»: así mintió, en inglés y hace casi un siglo, un poeta de cuello y corbata. Lo justificó con florecimientos metafísicos en la tierra muerta donde se refugian las mitificadas raíces de la vida. O tierra baldía, o estéril, o adormecida por el invierno que en ese mes da paso a la primavera en el norte del planeta. Como quieran ustedes.

Si no mentía T. S. Eliot, al menos se equivocaba: el mes más cruel, en cualquier clima, no puede sino ser el brusco enero que hoy pisamos. Aunque disimule su crueldad, en Santiago, con el calor de este verano austral. Enero debe su nombre al dios romano Jano, el que mira -simultánea y angustiosamente- en opuestas direcciones. ¿Será hacia el pasado y el futuro?

Aburrido de todo (sobre todo de esta voz monótona), he dado en estos días variadas y regulares vueltas a la manzana: torciendo por la izquierda, primero, y luego contra el sentido del reloj, atajando el tiempo que igual se cuela entre las moléculas distraídas y nos atraviesa. Para reír, luego, a nuestra espalda.

Recuerdo una carta de mi padre, enviada cuando él tenía mi edad actual. Me escribía desde la ciudad en que nací. Su insólita melancolía de entonces parecía apartarse del racionalismo consuetudinario que lo anima: «Mi vida», decía allí, «empieza a decaer». ¿Decaer?

Podemos discutir sobre el sentido particular y la relativa veracidad de ese espeluznante verbo. Podemos verlo como un verbo engañoso, también, y consolarnos: si tan sólo existe el presente (como creen los adictos a no sé qué filosofías existenciales), la decadencia es imposible.

«No entiendo para nada tus frases sobre el cambio de año», me dice Raquel con voz suave, «pero a ti, primo, y perdóname este inmenso cariño, yo te encuentro un decadente total. En la fecha que me pidas. No es broma ni piropo intelectualoide. Mira tu foto de kindergarten: tenías cinco años, en 1960, y tu cara ya andaba como perdida». Acerco a la foto grupal mi ojo menos miope: ¡ahí están, con la señorita Mónica, mis compañeros de entonces! ¡Ése, ésa! ¡Los mismos que hoy llenan el Facebook con incansables mensajes de optimismo!

Allá ellos, acá yo: el jardín de esta casa levantada en Ñuñoa hace dos generaciones parece flotar: es que los pies me pesan como el plomo, se hunden, y veo las flores coloridas de la superficie a la altura del corazón en fuga. Me estoy hundiendo en la tierra viva, porque el muerto soy yo.

Paf, cachetadita: «Despierta, oye», dice mi prima, «plis, no te me decaigas más. Vamos a la plaza a tomar -¿o a comer?- un helado en barquillo. ¿Ves que yo también tengo mis dudas vocabulares? Todo depende del grado de derretimiento de la vainilla batida». Abro un ojo. Estoy perdiendo el tiempo, vida hay una sola, las arrugas chisporrotean: cortocircuito en cualquier instante. Debo lanzarme a vivir, como en las viejas canciones de Leonardo Favio.

Vainilla o chocolate, lúcuma tal vez. Así sea. No es hora, ya, de aprender de memoria, con estos labios sin sabor, la espiritual anatomía de una muchacha de abril: claro, ése es, evocación mediante -no se equivocaba el poeta de engominadas gafas- el mes más cruel de nuestra vida.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

$2.831.336.713: detalles de polémica auditoría por remodelación en ministerio de la Mujer que partió en 2023

Exministra Antonia Orellana rechaza el peritaje La subsecretaria de la...

Entretelones del tenso cruce entre Gala Caldirola y Coté López

La española habló anoche en Primer plano sobre su...

Pamela Díaz sentenció a Mago Jiménez y Pinilla: «Son un par de fallados»

Así los tachó la animadora en un podcast Tras el...

Ojo si se topa con alguno de estos cascos: los robaron de un museo

Hay piezas de Eddie Irvine, Clay Regazzoni y Eliseo...