¿Dejaremos la obsesión por la sal sacando los saleros de la mesa?

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Muchos creen que eliminarla es un atentado al derecho a comer rico

 Que les escondan el salero a los que encuentran todo desabrido es lo peor que les puede pasar. Y les pasó. En Buenos Aires, Argentina, prohibieron estos utensilios en las mesas de los restaurantes para ayudarlos, contra su voluntad, a bajar los niveles de hipertensión. Allá una persona consume en promedio 13 gramos diarios, contra los 5 que recomienda la OMS. ¿Qué ha pasado en Chile al respecto? Hace poco les llegó a los salados donde más les duele: se quitó 25% del aliño en las marraquetas, pero el consumo sigue en 10 gramos al día por persona.

«Para mi hermano no hay nada peor que comer tomate sin sal. Yo encuentro más intolerable ingerir el huevo sin sal», cuenta Rita Riquelme, una de las chilenas que ruegan que en los locales nacionales no se copie la medida bonaerense, para no andar con sal en la cartera.

«El paladar se va acostumbrando al sabor salado. Y a la larga, la gente también se acostumbra a comer menos sal y no pasa la vida echándola de menos», lanza Evelyn Muñoz, nutricionista de la UNAB.

-Y cuando en las consulta le dice al paciente que no coma sal, ¿hace caso?

-Cuesta. Es un hábito que cuesta dejar, pero no quiere decir que no puedas. Necesitas como mínimo dos semanas. La gente hipertensa, por ejemplo, lo hace.

El nutricionista de Vidaintegra Rafael Jiménez sí recomienda desterrar al salero de la mesa, por el bien de los niños que imitan lo que hacen sus padres.

-Se refiere a que le echan antes de probar la comida.

-Existe un mal hábito en gran parte de la población que toma el salero como un acto reflejo y echa sal al plato sin probar.

Jiménez da otros datos, como poner ojo en las etiquetas de los alimentos: el que declare más de 140 mgr. de sodio por porción debe ser consumido con moderación. Explica que entre los productos más salados están los snacks, pescados ahumados, salame, mortadela y los extractos de carne.

«Todos los alimentos frescos contienen sodio. El 10% de la sal que ingerimos proviene de los alimentos frescos y de algunas verduras (apio, perejil y algunos cereales)», acota Mónica Rojas, ingeniera en alimentos de Proexa.

«En Chile, hay consumo excesivo de sal, el 23% de los adultos es hipertenso», precisa. Héctor López, cardiólogo de clínica Santa María. «Cuando a los pacientes se les pide disminuir su ingesta, la respuesta es muy individual. Desde los que hacen realmente el esfuerzo hasta aquellos que reaccionan como si los estuvieran agrediendo y consideran que es un atentado a sus derechos», cuenta.

Ingrid Morales, cardióloga de clínica Cordillera, agrega que el 50% de las consultas es por hipertensión y «el consumo de sal tiene mucho que ver». Ella cree que sacar el salero de la mesa «no va a cambiar el hábito».

Recuadro :

«No me gusta la carne desabrida»

«No me gusta la carne desabrida»

La trasandina Lucila Vit, que proviene de una familia de hipertensos y que gracias a que su papá es nutricionista se alejó un poco de la sal, confiesa que «la dejé sólo un poquito, no del todo porque la carne, por ejemplo, no me gusta desabrida».

En cuando a los polémicos saleros opina que «sacarlos de las mesas y andar pidiéndoselos a los mozos, me parece una medida bastante extrema. Los grandes saben lo que hacen bien o mal. Es demasiado».

Llevarla en los bolsillos para evitar la impotencia
Mitos del condimento

La sal está en el nacimiento de varias tradiciones populares. Uno de los mayores investigadores de su simbolismo en las diferentes culturas fue el sicólogo galés Ernest Jones, amigo de Sigmund Freud, que en 1912 escribió un ensayo acerca de la obsesión humana por la sal, especialmente su asociación con la fertilidad: ahí dice que en el Imperio romano, a los hombres enamorados se les denominaba salax (en estado salado) y que en los Pirineos se suele poner sal en los bolsillos de los novios para evitar la impotencia. También que en algunas partes de Alemania a los zapatos de la novia se les rocía con sal para activar su función reproductora. A este ensayo se suman las tradiciones populares de no pasar el salero de mano en mano para no pelear y, si la derramamos, tomar una pizca y arrojarla por encima del hombro izquierdo para cegar al diablo y evitar que se lleve el alma.

2 gramos diarios de sal contiene una tapita de lápiz Bic. La OMS recomienda 5 gramos.

Noto que la gente come menos sal, se está cuidando
Rodrigo Barañao, chef

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