La actriz cuenta cómo su infancia con una madre alcohólica la marcó para siempre
La protagonista de la película La sustancia cuenta por qué estuvo años sin trabajar. No me sentía completa si me alejaba de mis hijas, dice
La película de terror «La sustancia» gira en torno a una estrella de cine llamada Elizabeth Sparkle, interpretada por Demi Moore, una actriz de 60 años que desesperada por el paso de los años, prueba un suero misterioso que promete dar a luz a una versión más joven y mejor de ella misma.
Para Moore (62) es su retorno al cine y ya le significó el premio como mejor actriz en los pasados Globos de Oro y en los Critics Choice Awards.
¿Por qué aceptó este proyecto, Demi?
«Aunque es una película de horror, presenta una manera muy original de encarar el tema del envejecimiento, aunque debo reconocer que al leer el guión, me asusté. Se trataba de un personaje muy complejo, alguien que nunca había interpretado, una mujer con heridas profundas que siente la necesidad de ser amada. La cinta estaba explorando no sólo el tema del paso de los años, sino que además la violencia que muchas veces perpetramos contra nosotros mismos, algo que de cierta manera todos hacemos».
¿Cambió su percepción acerca de los cánones de belleza en Hollywood?
«Amplió mi idea acerca de los cánones que existen hoy respecto a la edad, algo que no sólo ocurre en Hollywood, sino que en toda nuestra sociedad. Muchas mujeres han estado de acuerdo con aceptar la idea de que a medida que pasan los años, somos menos deseables y valiosas. Participar en este proyecto me permitió examinar áreas de enjuiciamiento que yo tenía contra mi misma, porque me empujaba a alcanzar parámetros que no son realistas, enfocándome en lo que no soy, en lugar de aceptar quien soy. Por eso cuando terminamos el rodaje, me sentí un poco mas liberada de mi misma y no tan autocrítica».
¿Cuál cree que es el impacto de este filme en el público?
«Creó un tema de conversación. Un auxiliar se me acercó durante un vuelo y me comentó: usted actuó muy bien, pero lo más importante para mí es que me hizo darme cuenta de lo que me estaba haciendo a mi mismo con todo los tipos de dietas que he probado para adelgazar».
Prioridad
Demi Moore nació el 11 de noviembre de 1962 en Roswell. Su padre dejó a su madre, quien era alcohólica, antes de que Demi naciera. A raíz de la conducta autodestructiva de la mujer, la actriz terminó rompiendo relaciones con ella en 1990. Moore tampoco tuvo suerte con su padrastro, quien terminó suicidándose.
Su adolescencia también fue complicada porque sufrió múltiples operaciones de su ojo izquierdo, así que se vio obligada a usar un parche.
Como cuenta en su autobiografía «Inside out», se casó muy joven con el músico Freddy Moore, del cual adoptó su apellido y luego se divorció. En 1987 contrajo matrimonio con Bruce Willis, con el cual tuvo tres hijas: Rumer, Scout La Rue y Tallulah Belle. La pareja se divorció en el 2000. Cinco años después, cuando Demi tenía 42, se casó con Ashton Kutcher (26 entonces), pero se divorciaron en 2011. Un año después, terminó internada en un hospital de Los Angeles, por ingesta de drogas y alcohol.
¿Cómo logró encontrar un equilibrio entre su familia y su trabajo?
«Mi vida cambió después que nacieron mis tres hijas, sobre todo cuando ellas me preguntaron si continuaría trabajando. En ese instante, noté que había una parte de mí que no se sentía completa si me alejaba de mis hijas, por lo que durante varios años mi prioridad fue mi familia».
¿Pensó dejar de actuar definitivamente?
«Nunca se me pasó esa idea por la mente. Cuando ocurre un divorcio, aunque sea muy amigable, puede ser difícil para los niños y supe que si yo no estaba junto a mis hijas se producirían problemas serios más adelante. No vi esos años como una jubilación, sino que me dije que volvería a trabajar cuando pudiera. No deseaba que mis hijas hicieran lo que hice yo a los 18, jajajá».
¿En qué sentido?
«Tuve una niñez poco tradicional. Mi madre era muy joven cuando nací, sé que ella trató de hacerlo lo mejor que pudo. Y aunque era un poco loca, realmente estoy segura que me amaba a su manera».
¿Cómo compara su infancia con la de sus hijas?
«Cuando se crece sin el apoyo de los padres, como me ocurrió a mí, uno piensa que no se puede equivocar porque está sobreviviendo y creo que darse el permiso para equivocarse es muy liberador. He aprendido a sentir compasión hacia mí misma. Ahora prefiero no ser tan resguardada y protegida, trato de sentirme segura donde quiera que me encuentre, aunque esté vestida con un buzo y el pelo desordenado, jajajá».


