Esteban Düch, comediante venezolano, ganó el Open Mic del Festival de la Comedia de Ñuñoa
Define sus primeros años acá como una época de descubrimiento personal y de tomar cualquier trabajo que me permitiera pagar las cuentas a fin de mes.
Esteban Düch tiene 32 años, es contador auditor y llegó a Chile en 2015 escapando de la «crisis política, económica y humanitaria en Venezuela». En sus primeros seis años viviendo en el país trabajó lavando platos, cocinas, haciendo delivery, en administración y contabilidad. Su vida tomó un giro durante la pandemia cuando decidió buscar un rubro que lo hiciera feliz y se capacitó para laborar con redes sociales y creación de contenido. En 2022 comenzó en el stand up y este mes ganó el Open Mic del Festival de la Comedia de Ñuñoa, espacio que busca ser «un nuevo semillero de talentos».
El comediante se presenta habitualmente en el bar Gran Refugio y recuerda que sus primeros años en este país fueron tiempos de «descubrimiento personal, de probar hacer cosas distintas, de tomar cualquier trabajo que me permitiera pagar las cuentas a fin de mes». Ahora, tras su experiencia en el Festival de la Comedia de Ñuñoa, señala que «fue increíble presentarme ante más de 8.000 personas. Definitivamente será un antes y un después en mi carrera. Ya estoy ansioso por participar el próximo año».
En sus shows siempre hay público local y también venezolano. «Amo Chile, su gente, su cultura, sus paisajes. Me parece fascinante y desde que llegué al país me volví un curioso de su historia, un amante de las costumbres, una esponja de todo lo que mi nuevo entorno me estaba proporcionando», reconoce el contador auditor. Ese interés, explica él, «fue fundamental cuando empecé a hacer comedia hace dos años. Generé mi material desde esa admiración, no tan enfocado en cómo un venezolano puede ser distinto a un chileno, sino más bien en cómo un venezolano que lleva años en Chile puede comenzar a parecerse a un chileno».
En un momento de su rutina, Esteban relata que mientras está con su familia disfrutando en Santiago, recibe un llamado de sus amigos chilenos e inmediatamente cambia su acento por uno más «chilenizado». Frente a eso, sus cercanos reaccionan mirándolo feo. «Esa historia es completamente real. Obviamente, tiene algunas exageraciones para cerrar los chistes, pero es una experiencia real. Cuando eres extranjero y comienzas a cambiar tu acento motivado por tu nuevo entorno, te encuentras con estos personajes que comparten tu misma nacionalidad pero son más cerrados y opinan que tus costumbres o acento no deberían cambiar a pesar de migrar», detalla.


