Después de 28 años juntas: mellizas Abraham cuentan cómo es su primera vez viviendo separadas

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Antonia y Melita gastaron sus ahorros en departamentos en Curauma

Las campeonas del remo ahora son vecinas junto a sus hermanos Ignacio y Alfredo. Tener un espacio personal era justo y necesario, dicen.

Antonia y Melita Abraham, de 28 años, hacían todo juntas desde que tienen uso de razón. Juegos, peleas y secretos.  Así crecieron las hermanas doradas, que junto a Alfredo e Ignacio son los cuatrillizos más ganadores del remo nacional. Pero esa complicidad hace un tiempo se interrumpió, cuando cada hermano compró su departamento propio en la comuna de Curauma, donde por primera vez están aprendiendo a transitar el camino de la independencia. Con sus luces y sombras, claro está.
«Ahorramos durante muchos años y tuvimos la suerte de que justo empezaron a hacer unos depas antes de la pandemia. Nos compramos uno cada uno y en nuestro caso al principio íbamos a ir a vivir juntas en un depa e íbamos a dejar el otro como inversión. Pero al final tomamos la decisión de tener cada una su propio espacio, porque ya pasábamos entrenando todo el día juntas, remábamos juntas, hacíamos pesas juntas y tener este espacio personal era justo y necesario», explica Melita desde Ratzeburgo, donde junto a Antonia entrenan con el equipo alemán de remo en un viaje que cambió sus vidas.
Las mellizas, además de conocer cómo se preparan los mejores del mundo sobre el bote, pudieron acercarse a las raíces de su madre, Melita Schüssler, cuyo abuelo Hermann fue tripulante del Dresden, el crucero alemán hundido frente a la costa de Juan Fernández durante la Primera Guerra Mundial, en 1915. Tras un confinamiento de cuatro años en la isla Quiriquina, Hermann Schüssler decidió quedarse en Chile.  «De hecho, mi mamá tiene una panadería en San Pedro de la Paz que se llama Dresden y está ambientada en el barco con toda la historia familiar», agrega Antonia, fascinada por cómo les cambió el chip la cultura germana. «Hemos tenido un gran cambio cultural, que va desde entrenar hasta alimentarnos. Acá tenemos una nutrióloga, que nos dice qué y cuándo comer arriba del bote y hemos mejorado un montón. En Chile remábamos una hora y media sin comer nada y el desgaste era enorme. Así no les íbamos a ganar nunca a las mejores», dice Antonia.
En Alemania las hermanas están en un hotel durmiendo en una cama de dos plazas, pero saben que al regresar a Curauma, después del Mundial de Shanghái de fines de septiembre, cada una regresará a su departamento, que están llenando de nuevas historias.
 
¿Cómo ha sido la aventura de vivir por primera vez separadas?
 
Melita: «Es súper bacán, porque estamos separadas, pero igual somos vecinas. Entonces, si algo nos falta a una o a la otra estamos al lado, tocamos la puerta del lado y listo».
Antonia: «A mí me da risa, porque soy la única que se compró aspiradora y todos me la piden. Después ya no sé en qué parte está».
 
¿Ahora se juntan para lo justo y necesario?
Melita: «O sea, seguimos haciendo cosas juntas. Por ejemplo, una le toca la puerta a la otra para tomar tecito, ponte tú, aunque generalmente es el Ignacio el que pone la casa».
Antonia: «Y si hay partidos de fútbol, como cuando juega Chile, también nos juntamos a verlos. O cuando hay regatas y queremos ver a nuestros compañeros competir, ahí hacemos un choclón y nos reunimos».
¿Qué ha sido lo mejor de vivir solas?
Antonia: «Es que como yo lo veo es una mezcla perfecta. Por un lado tengo mi espacio como adulta, pero sé que tengo a mis hermanos al lado todo el tiempo, entonces si me siento sola es cosa de ir y golpear la puerta».
Melita: «Claro, es como vivir en comunidad igual. Yo, por ejemplo, con mi perrito Bali, cuando me tengo que ir y no quiero que quede solo, lo agarro y lo tiro para el depa del lado, y sé que la Antonia me lo cuida. Es como vivir juntos, pero no revueltos».
¿Y los papás cuando vienen a verlas dónde se quedan?
Antonia: «Se distribuyen. Un día en cada depa. Mi papá, normalmente, se va al del Nachi y mi mamá se queda con la Melita o conmigo. Se va rotando».
Melita: «Son departamentos de dos habitaciones, así que no hay problemas para recibir invitados».
¿Peleaban mucho cuando vivían juntas?
Antonia: «Como todas, tenemos nuestros momentos y momentos. Sabemos estar juntas, pero también sabemos estar separadas y descubrimos que nos gusta estar separadas».

Melita: «Una entiende la otra cuando hay que dejarla sola. Es algo que hemos ido aprendiendo con el tiempo, tenemos un máster en eso».

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