Detectan tres bacterias resistentes a antibióticos en Concepción

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Resultados de la investigación fueron publicados en la revista Biological Research

Doctor Gerardo González-Rocha, lider de este trabajo, explica que la fortaleza de estos microrganismos depende de su genética y no de los fármacos.

Por primera vez un artículo científico acredita la presencia en Chile de tres bacterias extremadamente resistentes a los antibióticos. «Entre ellas, Klebsiella pasteurii no había sido reportada en el país», dice el trabajo, publicado este mes en la revista «Biological Research».
Un equipo de científicos, liderado por el doctor Gerardo González-Rocha, director del Laboratorio de Investigación en Agentes Antibacterianos de la Universidad de Concepción, tomó el 2022 muestras de «aguas residuales» antes y después de ser sometidas a tratamiento en una planta que presta servicio a 950.000 personas del Gran Concepción. El agua que llega a la planta se llama afluente y el agua que sale, efluente.
«Las bacterias resistentes no sólo están en los hospitales, en lugares donde se usan antibióticos, sino que también en aguas residuales», detalla. Es decir, en todas las que van a dar al alcantarillado.
Los investigadores hicieron análisis genómicos de las muestras. «En las aguas de afluente encontramos que había bacterias resistentes. Dentro de ellas había algunas que son productoras de una enzima, que se llama KPC. Esta enzima hidroliza o destruye, en términos coloquiales, un grupo importante de antibióticos que se usan en terapias contra enfermedades infecciosas, que son los antibióticos carbapenémicos, de las últimas líneas de tratamiento frente a infecciones», explica.
Las bacterias KPC encontradas son Klebsiella pasteurii, Klebsiella pneumoniae subsp. Pneumoniae y Citrobacter freundii sensu stricto.
El artículo cuenta que en Chile la primera descripción de KPC fue reportada en 2012, en una cepa de K. pneumoniae obtenida de un paciente que viajó a Italia. «Desde esa vez, varios reportes de bacterias que producen KPC han sido documentados. Sin embargo, estos reportes están principalmente centrados en aislamientos clínicos», agrega. Eso significa que han sido obtenidos de muestras de pacientes en ambientes hospitalarios. Esta investigación es parte de la tesis de magister en microbiología de Franco Ilabaca y en ella participaron al menos 11 investigadores.
La resistencia
 
«Lo más importante es que estos mecanismos de resistencia pueden ser transferidos, es decir diseminados hacia bacterias susceptibles. Es un fenómeno natural. Cuando dos bacterias se encuentran, la que lleva genes de resistencia se los entrega a la que es susceptible», explica González-Rocha. Una bacteria vulnerable a los antibióticos se transforma así en una más poderosa. «Es inevitable que esto ocurra», asegura.
La resistencia a los antibióticos entonces es una cuestión genética. «Las bacterias tienen elementos que se llaman plásmidos, que son como pequeños cromosomas, y en ellos está el gen que codifica la enzima KPC», cuenta. Esta capacidad de las bacterias se produce independiente del uso de antibióticos. Estos fármacos, bien o mal usados, simplemente eliminan las bacterias más débiles. O sea, las resistentes terminan siendo más numerosas. «El antibiótico no crea la resistencia. Selecciona las bacterias resistentes», resume.
Las bacterias que aisló este equipo son enterobacterales, habitantes habituales del intestino humano. «Cuando salen del intestino, que es su hábitat natural, pueden producir infecciones en la piel, respiratorias y urinarias. Si estas bacterias llegan a producir un proceso infeccioso y tienen estos mecanismos de resistencia, el tratamiento se complica, porque deja muy pocas alternativas».
Estas bacterias pueden sobrevivir en el ambiente. «Por eso que hoy hay una visión de One Health, que no es estudiar la resistencia sólo en ambientes clínicos. También es importante estudiarlos en animales, por ejemplo animales de producción, en los que se usan antibióticos, y también en el medio ambiente», señala.

Destaca que la planta de tratamiento funciona bien. «Entra una carga bacteriana que después del tratamiento baja casi a cero, a niveles que no constituyen riesgos desde el punto de vista microbiológico», explica. El problema es que el estudio detectó genes resistentes circulando libres en el agua que sale de la planta. «Bacterias susceptibles en el medio natural pueden captar este ADN, incorporarlo en su genoma y transformarse en bacterias resistentes».

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