21DéjÀ vu.- Que «Valientes» (Canal 13, lunes a las 22 horas) tenga un aire al «Cara & sello» de Mega no es casual: el alma de ese programa era quien hoy es el productor ejecutivo y director de esta propuesta, Rodrigo Leiva. Claro que acá en lugar de explotar tanto las diferentes realidades socioeconómicas entre chilenos que desempeñan la misma actividad se hinca el diente en las particularidades de cada grupo.
Buena causa.- A propósito de otro de los programas que van los lunes, «Valientes» es como «Ésta es mi familia» (TVN), pero centrado exclusivamente en los jóvenes. Se busca disolver prejuicios en torno a ellos e integrarlos, a través de la televisación de sus mundos.
A toda tribu.- Este docurreality ha mostrado a fervorosos seguidores de la cultura coreana, rockeros veganos, pin up girls, cheerleaders y flaites muy producidos (se hacen visos, se aplican base y se sacan las cejas). También hay rastas, peloláis, enanitos reggaetoneros, pokemones, desertores escolares, gitanas y hasta lolos de lo más normales. Como «Dani», el primero de los Hernández que saca cuarto medio. Y yo que pensaba que Myriam había sido la primera.
Happy end.- Generalmente los casos terminan con un final feliz. Los chicos retoman los estudios, encuentran trabajo, vuelven a casa. Sin que se trate de niños problema como el Cisarro, por ejemplo, muchas veces la solución no es tan simple.
Madre hay una sola.- Otra constante de «Valientes» son los conflictos generacionales. «Tú no te mandái' sola», «mientras vivas bajo este techo», etc. Fue divertido cuando la mamá de uno de los jóvenes se quejó ante la cámara: «De diez palabras que dice Vinicio, ocho son garabatos». Lo malo es que agregó: «No sé por qué tiene que andar con esa tracalada de huevones».
Gente como uno.- Conduce Diana Bolocco, que arrisca la nariz más que nunca. Come una empanada vegetariana poniendo caras, como si no fuera mucho mejor que un plato de locro, dice «bling bling» en lugar de «blin blin», se preocupa por averiguar quiénes de los integrantes de un team de baile son gays y les implora a unos flaites asumidos que la rodean «me enseñan a bailar, pero de lejos ¿ya?». Y yo que ya te creía casi del pueblo, Dianita.


