Ya no basta con comer cualquier fruta y verdura
Ferias libres y tiendas en Santiago ofrecen productos sin químicos, una tendencia que en Europa y Estados Unidos se impuso y que en Chile recién está repuntando.
Tal vez estas frutas o verduras no tengan la frondosidad de las que se ven en los supermercados o sean disparejas y con algunas manchas, pero su gran plus es que no tienen pesticidas y agroquímicos que pongan en riesgo nuestra salud o la de los niños.
Para comenzar, un alimento orgánico es aquel producto libre de agroquímicos, especialmente los de origen sintético y cultivados con técnicas naturales, no contaminantes para el medio ambiente.
En Chile existe un sector de la agricultura que cumple con las más exigentes normas internacionales respecto al uso de agroquímicos: son las frutas de exportación, que necesitan los certificados de calidad para vender a países donde los estándares son altos y las sanciones duras, para quienes no cumplan.
Pero no pasa lo mismo con lo que comemos dentro del país. Respecto a productos limpios de pesticidas, las ofertas son hasta ahora limitadas. Pero como en otros países está creciendo el interés de los consumidores por una alimención ambientalmente más amigable, en Chile lo orgánico también comienza a despuntar. La producción es fiscalizada y certificada por el SAG.
Actualmente existen en Santiago tres ferias libres que comercializan esta clase de alimentos: en Vitacura, El Arrayán y La Reina, además de locales que venden los productos de pequeños agricultores orgánicos. Pero lamentablemente están concentrados sólo en un sector de la ciudad.
Estas iniciativas nacieron hace algunos años de particulares que conocían la producción orgánica en otros países y, de vuelta a Chile, vieron con preocupación que aquí no había dónde conseguir alimentos limpios de plaguicidas, pero aún se mantiene reducida a una elite de consumidores informados o preocupados de lo que comen, y que saben que no todo lo que se consigue en los supermercados o ferias libres es tan sano como dicen las etiquetas.
Lamentablemente, por las mismas condiciones de producción (sin los súper fertilizantes o pesticidas químicos), la oferta es limitada, pero se están haciendo esfuerzos para que los precios estén al mismo nivel que los de una feria convencional.
-«Dejar las bebidas y las galletas, y reinvertir»
«Se está tomando conciencia, no en la medida que debiese ser pero hay preocupación, del efecto nocivo, en los niños sobre todo, del exceso de aditivos químicos», postula Ana María Vidaurre, la primera nutricionista certificada DAN en Chile.
Reconoce que lamentablemente esta tendencia actualmente está ligada a cierto nivel socio-económico, pero nota en su consulta que hay un creciente interés por una alimentación más sana y limpia.
«Si dejas de consumir bebidas, galletas, cereales y se consume orgánico, es una reinversión del presupuesto», observa la profesional, respecto al obstáculo de los mayores precios en esta clase de productos.
Para quienes tienen presupuesto limitado y quieren comer lo más sano posible, la nutricionista aconseja comprar entre lo orgánico los alimentos que según la lista de la egw.org (ver gráfico) están entre los más contaminados, y los menos contaminados adquirirlos en ferias libres y complementar la dieta con semillas y granos que se venden en tostadurías.
-«Lo menos recomendable es comer raíces»
Las ferias libres orgánicas se instalan los sábados en la mañana.
Paula Casanova, de Plataforma Neta y organizadora del Mercado Orgánico de Vitacura (Monseñor Escrivá de Balaguer 5600), explica que sólo se pueden vender en este lugar productos cultivados en tierra con mínimo de tres años de limpieza sin químicos y todos son certificados orgánicos.
Cerca de 70 hectáreas cultivadas tienen en la Asociación de Agricultores Orgánicos de Chile Tierra Viva, que vende sus productos en las ferias libres orgánicas, locales permanentes y algunos supermercados como Jumbo y Unimarc, que cuentan con secciones especiales.
La EcoFeria de La Reina (Avenida Larraín 9750) abrió en noviembre del año pasado, iniciativa que surgió por la inquietud de Golde Waisman, madre de dos niños que, luego de vivir varios años fuera del país, al regreso no encontró dónde comprar productos sin químicos.
Se asoció con Carmen Ruiz-Tagle y juntas instalaron la feria en la comuna del sector oriente.
Tienen mínimo 300 visitantes cada semana, partieron con 15 puestos y ahora van en 48. «Hay mucha gente interesada», afirma Golde.
En las ferias se obtienen los mismos productos que en una feria normal y además de venden postres, aceites, artículos de belleza y aseo orgánicos, e incluso pañales orgánicos.
«Nuestro objetivo es que lo orgánico baje de ese lugar de exclusividad, sean precios accesibles, aunque es un poco más caro que en las otras ferias libres», reconoce la administradora de la EcoFeria de La Reina.
Asegura que lo menos recomendable es consumir lo que es raíz, «como la zanahoria o la betarraga, porque es lo que concentra más los químicos, porque viene de la tierra misma».
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«En la tienda es más barato que en el supermercado»
«El consumo ha crecido, porque a nivel mundial han aparecido leyes que no permiten cultivar con químicos», explica la diseñadora industrial Paula Casanova, quien junto con sus socias María Prieto y Bernardita del Corral, administran una tienda orgánica en Vitacura (Luis Pasteur 6371). Además tienen la empresa de asesorías en este tema, Plataforma Neta.
«Hace tres o cuatro años atrás los precios eran más caros, pero ahora la lechuga y las papás están más baratas, la manzana está a $500 el kilo, si una acelga en el supermercado cuesta $700, aquí está a $800, está mucho más conveniente porque una vez que el ritmo del campo es orgánico es más barato cultivar así porque te ahorras el químico y generas tus propios fertilizantes», agrega Paula.
En Tierra Viva, tienda ubicada en Ñuñoa (Doctor Johow 889-A), fueron los pioneros en la venta de este tipo de alimentos, luego que en 1992 se unieran un grupo de agricultores y ecologistas en la Asociación de Agricultores Orgánicos de Chile Tierra Viva A.G.
Además de ser regulados por el SAG, la asociación tiene su propio sistema de certificación para acreditar que los productos están bajo las normas de la agricultura orgánica.
«A nosotros nos fiscaliza el SAG y preferimos no tener de todo en la tienda, pero lo que hay es certificado orgánico».
En Tierra Viva venden la biocaja con entrega a domicilio para el consumo de entre 3 o 4 personas, a $9.900, y reconocen que la demanda ha ido en aumento, aunque les faltan más agricultores que se pasen a la producción orgánica y que quieran sembrar variedad.
«En los colegios están interesados en cambiar su sistema alimenticio con los kioscos, algunas empresas están pidiendo que, por responsabilidad social, les entreguemos productos sin químicos a los empleados para que coman en sus casas y la gente está entendiendo que no es más caro», agrega Paula.
Para este año tiene planes de expansión con sus tiendas orgánicas a otros sectores de Santiago. Pronto abrirán una en Presidente Riesco, y cuentan con una lista de tiendas para instalar en Bellavista y Santiago Centro en septiembre.


