El restaurante afectado por los socavones de Viña del Mar reabrió sus puertas
Este tiempo fue terrible para mí y la gente que trabaja conmigo. Pero eso es parte del pasado, afirma Samuel Lizana.
«No se justificaba esa medida. No es pelambre, pero el restaurante nunca estuvo en riesgo. Ella no midió las consecuencias sociales que se crearon a raíz de su decisión», afirma Samuel Lizana Valdés (90 años), dueño del Stella Maris.
Este sábado, poco más de siete meses después del cierre forzoso, el restaurante ubicado en avenida Borgoño reabrió. «Llegó poca gente. Pero sirvió para probar cómo andábamos. Para el domingo teníamos reserva», cuenta.
La carta de pescados y mariscos la mantuvo tal cual, igual que los precios. «Con los clientes no se puede especular. No hay que ser abusador. Aunque hay inflación prefiero vender más a que encarecer los platos», explica.
El camino roto
En este regreso Samuel Lizana continuó con su costumbre de estar de lunes a domingo en el restaurante. Llega a las 13 horas y se va a las 17:30, cuando empiezan a cerrar. «Me gusta venir a atender a mis clientes», señala.
Actualmente, lo único que lo aproblema, dice, es la reparación de la avenida Borgoño, que comenzó en agosto del año pasado.
«Los trabajos están al frente de las puertas del restaurante. Hay días que no se ningún movimiento de pala. Está desatendido este trabajo. El camino costero de Reñaca a Concón no puede estar cerrado tanto tiempo. Afecta directamente al turismo de Viña del Mar y Valparaíso», comenta.
Los ahorros
Pese a todo Lizana es optimista. «El restaurante tiene 34 años de vida. Hemos pasado hartas cosas acá. Este tiempo fue terrible para mí y la gente que trabaja conmigo. Pero eso es parte del pasado. No quiero seguir llorando. Toda mi vida he sido un luchador. Ahora estamos pensando en hacer las cosas lo mejor posible», afirma.
El empresario tiene cuatro trabajadores en el comedor y tres en la cocina. La más antigua, Carmen Barría, lo acompaña hace 40 años. «Ella es muy inteligente, positiva buena y leal. Tiene un humor espectacular. La quiero mucho».
Antes del cierre por los socavones en su local trabajaban 12 personas. Por la emergencia debió achicar el equipo. «Tenía todas las cuentas al día: sueldos, imposiciones, impuestos, contribuciones. Pero era imposible aguantar tanto. Nos perdimos el 18 de septiembre, las fiestas de fin de año, las vacaciones. Fue un desastre».
¿Cómo se las arregló?
«Buena pregunta. Lo soporté porque soy muy valiente. Tenía un poco de ahorros, pero aguanté dos meses. Tenía que pagar mis compromisos y responderle al personal. Me gusta jugar derecho. Ahí tuve que recurrir a otras cosas».
¿Cómo qué?
«Vendí algunos objetos. En mi campo tenía monturas y riendas. Cuando los puse a la venta aparecieron los huasitos y se los llevaron por la mitad de lo que valían. También vendí unas ovejitas».
Lo último a lo que echó mano fue a sus obras de arte. «Me encantan las pinturas. Me deshice de algunos cuadros muy valiosos que tenía en mi casa. Eran de Ortiz Villa de Moros. Se los pelearon. Fue una pena que se los llevaran, pero hay que dar vuelta la página», asegura.


