No es tan fácil como llegar y cerrar centrales nucleares o carbón
Tenemos energía solar de sobra, pero necesitamos almacenamiento, advierte experto.
Alemania es el ejemplo más observado del mundo cuando se habla de transición energética: no sólo fue el primer país industrializado en tratar el proceso como un proyecto nacional -con leyes, metas e indicadores públicos-, sino porque su escala permitió ver, en tiempo real, qué decisiones funcionaban y cuáles abrían flancos.
Para investigadores como Cristóbal Parrado, del Centro de Transformación Energética de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello, la experiencia germana ofrece un mapa de aciertos, errores y consecuencias económicas que hoy sirve como referencia comparada.
El cierre de las centrales nucleares, la expansión acelerada de las energías renovables y la dependencia del gas ruso se transformaron en piezas centrales del análisis. La secuencia en que se tomaron esas decisiones tensionó el sistema: Alemania avanzó rápido en la descarbonización, pero dejó expuesta la seguridad del suministro y trasladó parte del costo a los consumidores.
«No es solo el costo de generar, sino cómo se financió la transición, porque hubo recargos para pagar energías renovables, impuestos y fuertes inversiones en redes; cuando eso se sumó la crisis del gas, el mayorista subió y todo eso se trasladó a la cuenta de los hogares», recuerda Parrado.
Chile avanza en el hidrógeno verde y el cierre progresivo de termoeléctricas. ¿Qué aprendizajes del caso alemán son aplicables acá?
«Primero, planificar bien la transmisión antes de llenar el sistema de proyectos. Segundo, tomar en serio la flexibilidad y la demanda, no solo la generación. Hoy tenemos energía solar de sobra, para regalar, pero ya no nos sirve poner un panel más, sino que necesitamos almacenamiento. Y tercero, que el cierre de las termoeléctricas incluya una transición justa para los territorios, no solo con un cronograma técnico».
Si aceleramos la transición sin resolver cuellos de botella, ¿qué consecuencias podrían verse según lo que mostró el caso alemán?
«Bueno, lo que estamos viendo. Podríamos ver vertimientos masivos, grandes cantidades de energía que se pierden, costos de operación altos que terminan en la tarifa, tensión política por cuentas caras y riesgo para la seguridad del suministro. Si salimos del carbón sin tener reemplazos firmes, al final vamos a tener una red muy variable, con 60% o 70% de renovables entre eólica, solar e hidroeléctrica. La ventaja es que ya vimos lo que pasó en Alemania y todavía estamos a tiempo de evitar esos mismos errores».


