Personal municipal encontró en el lugar hábitos propios de la cultura dominicana
De las 85 propiedades tomadas en la comuna de Santiago, 68 han sido desalojadas. Cómo vivía la gente que las habitaba.
Las 68 casas tomadas que han sido recuperadas por la Municipalidad de Santiago, Carabineros y la Policía de Investigaciones tienen algo en común: una puerta principal que da hacia la calle, seguida por un enorme pasillo que culmina en un patio trasero sin techar, cuidadosamente decorado.En las paredes que conforman el pasillo están las puertas de las habitaciones, que generalmente son diez si se considera solamente el plano arquitectónico de la casona, pero como quienes habitan ilegalmente los espacios han subdividido cada lugar, esas habitaciones casi siempre son más de treinta.
Pese al hacinamiento, la vida comunitaria se logra. En una de las casonas recuperadas en el barrio Franklin, por ejemplo, poco importa que una marraqueta clavada en la pared se pueda llenar de hormigas o que a ojos de un forastero no sea más que una instalación hilarante. En esa casa, mientras estuvo tomada, todos sabían que existía prohibición de tirar la marraqueta a la basura o de cambiarla de lugar.
«Claro, a ojos de cualquiera esa marraqueta no pareciera ser más que el acto irreverente de alguien, pero ese pan colgado en la puerta tiene toda una historia relacionada con las tradiciones rurales de República Dominicana», describe la arquitecta dominicana Milena Martínez, quien en su Instagram @soyelsantoafro genera contenido sobre la cultura afrocaribeña.
¿Qué sentido tiene ese pan colgado en la puerta, Milena?
«Es una costumbre del campo dominicano. Las personas que viven en zonas rurales, por tradición, cuelgan un pan en la puerta de sus casas para atraer la prosperidad. La idea es que no falte alimento ni la comida diaria. Tiene que ver un poco con ese dicho que dice que cada niño viene al mundo con un pan bajo su brazo. Ese pan es la prosperidad y la abundancia».
¿Conoces el origen exacto de esa tradición dominicana?
«No podría decirte el origen exacto, pero sí que nació en el campo y que cada vez se ve menos. En Santo Domingo, que es la capital, no vas a ver eso. Recuerdo que cuando era pequeña veía que mi abuela colgaba un pan en la entrada de la casa. Ahora se ve poco y menos en zonas turísticas».
Cuenta Irací Hassler, alcaldesa de Santiago, que la estrategia de recuperación de casas tomadas dentro de la comuna se gestó en diciembre del año 2022, momento en el que logró catastrar 85 casas tomadas en las que existía evidencia policial sobre la comisión de delitos en su interior.
«La primera casa la recuperamos en abril del año pasado. En un año y tres meses hemos recuperado 68 casas. La estrategia ha beneficiado a 200 mil vecinos que viven a 200 metros a la redonda de las propiedades», enfatiza Hassler, quien agrega que Carabineros y la Policía de Investigaciones han detenido a 76 personas que cometían delitos en las casonas desalojadas o que tenían orden de aprehensión. Además, confirma que las policías han incautado $210 millones en droga que lograron sacar de circulación.
En la misma casa recuperada en el barrio Franklin, donde una habitación tenía una marraqueta clavada en la entrada, existía un baño comunitario donde la regla era igual para todos: «Por favor, después de bañarte, secar el baño. Si no lo secas pagarás 10.000 pesos. Gracias», decía en una cartulina naranja puesta sobre una placa metálica.
Además de funcionar como espacios habitacionales, en muchas de las casonas tomadas se cometían delitos como la venta ilegal de alcohol. Barato no era. Una botella de pisco Alto del Carmen, por ejemplo, costaba $25.000 y una Inca Kola, $4.000; mientras que la botella de agua la vendían a $2.000.
Lo más caro, según la lista de precios pegada en la entrada del bar clandestino «Caleta», era una botella de whisky Old Parr, que incluía una Coca Cola, por $65.000.


