El clon venezolano de Pavlovic

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Walter Martínez es un aguerrido periodista en las tierras de Chávez

Si no fuera por la diferencia de altura, cualquiera diría que estos dos profesionales son gemelos. Les encanta reportear guerras y no cambian por nada su chaleco sin mangas

Adivine el personaje. Se trata de un periodista de vasta trayectoria que anima uno de los programas más influyentes de la televisión pública local. Dueño de un grave y modulado vozarrón, no tiembla frente a la cámara para explicar con peras y manzanas cómo los poderosos abusan de la gente humilde. Curtido reportero, cuando sale a terreno usa un práctico chaleco de fotógrafo, sin mangas que estorben las maniobras y con una docena de bolsillos para guardar grabadoras, lápices, libretitas y quizás un cocaví.

Este respetado profesional ha sido corresponsal de guerra y enviado a cubrir las más feroces catástrofes naturales. Un detalle más: usa un parche de cuero negro en el ojo derecho. Se apellida Pavlovic, ¿cierto?

No: el parche de nuestro Santiago Pavlovic cubre su ojo izquierdo. De quien estamos hablando es el clon del célebre periodista chileno: se llama Walter Martínez y es un veterano reportero uruguayo afincado durante décadas en Venezuela. Aunque goza de inmenso prestigio en su tierra adoptiva, dentro del continente sólo era conocido por trasnochados televidentes del cable que disfrutan de la programación de la señal chavista Telesur.

No se sabe bien cómo Martínez perdió su ojo. Unos afirman que mientras fregaba un inodoro le cayóácido muriático en el rostro; otros conjeturan sobre un balín de goma que lo habría impactado cuando cubría una protesta. Lo que sí se sabe es que ha cultivado su fama local en la pantalla chica; como conductor y productor del programa «Dossier», desde hace treinta años desgrana a diario la geopolítica nacional e internacional.

El espacio -que en cualquier otro rincón del orbe sería un «asesino del rating»- se emite de lunes a viernes a las 10 PM. Cada noche, Martínez recita sin pausa una eterna introducción que es marca registrada: «Saludos amigos, dondequiera que se encuentren de ese lado del receptor en cualquier lugar de nuestra querida, contaminada y única nave espacial, la misma que ha dado una vuelta más sobre su eje imaginario desde la última vez que nos vimos; la cual, por supuesto, sigue generando acontecimientos en pleno desarrollo».

El modesto set de «Dossier» siempre ha consistido en un precario mapamundi que el anfitrión señala con un apuntador de madera. Martínez permanece de pie y habla casi sin parar durante al menos media hora; tras concluir su análisis, se despide con otro cliché de su autoría: «disponga usted de las cámaras, señor director». Si bien el programa ha sido emitido por distintos canales, la mayor parte del tiempo ha sido fiel a «Venezolana de Televisión» y su repetidora «Telesur»; tal como su clon chileno, Martínez suele trabajar para la TV pública sin importar el color del gobierno de turno.

La anti-entrevista

Esta semana Walter Martínez ha tenido sus quince minutos de fama continental al charlar con Fidel Castro junto a tres colegas venezolanos. Ataviado con su tradicional uniforme verde olivo, el jubilado caudillo cubano -quien ya casi no habla con la prensa- chachareó durante casi dos horas ante sus respetuosos interrogadores.

Martínez, vestido de guayabera blanca, fue tan afectuoso como el resto del lote. Su mayor aporte a la plática fue una pregunta sobre «WikiLeaks», el sitio famoso por divulgar archivos confidenciales del Pentágono. «Se ha convertido en algo así como una guerrilla de los años sesenta», apuntó Martínez»; «habría que hacerle una estatua», comentó Castro, creyendo tal vez que «WikiLeaks» era una persona.

Chaqueta reversible

urante su extensa carrera, Walter Martínez sin duda ha conducido entrevistas menos complacientes. Aunque hoy parece ser fiel escudero de la revolución bolivariana, años atrás no dudaba en ir al choque contra el mismísimo Hugo Chávez.

El 15 de septiembre del 2005, el periodista disparó en su programa un misil contra los esbirros del mandatario venezolano. «Estoy harto de quienes se ponen una boina roja para robar», bramó. El gobierno exigió explicaciones; al día siguiente «Dossier» salió del aire por una «reprogramación de Venezolana de TV». «¡No voy a rectificar mis palabras!», proclamó Martínez ante los fans que lo esperaban en las afueras del canal.

En efecto, no se retractó: Martínez devino así en un estandarte de la lucha contra la censura en Venezuela. En Facebook, de hecho, varios grupos demandaban su regreso a la pantalla. «Dossier» volvió el 2008 a la parrilla del canal estatal; como si nada hubiese sucedido, hoy Martínez continúa con su monólogo nocturno acompañado sólo del apuntador de palo. Y por esos misterios de la vida, su relación con el chavismo parece ir de perillas: de manos del propio Hugo Chávez, el año pasado recibió el Premio Nacional de Periodismo.

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