Sergio Valech fumaba tres cajetillas al día
Dueño de los terrenos donde están San Carlos de Apoquindo y Los Dominicos, prefiere vivir en la austeridad.
Sergio Valech fumaba tres cajetillas al día
El ex vicario de la Solidaridad, Sergio Valech, está sentado en su silla de ruedas en el living de la casa del clero. Desde ahí domina todo lo que se mueve hasta la puerta de salida ubicada a unos cien metros. Está ansioso porque el día anterior se hizo unos exámenes de pulmón y espera saber cómo evoluciona su condición que lo mantiene conectado a un equipo de ventilación. Bernardo, su ayudante, ya llegó con los resultados que guarda celosamente en un sobre blanco. Valech exige verlos. «Después se los entrego, monseñor, esperemos que se vaya el periodista», dice Bernardo. «No, gallo, quiero verlos ahora. Léeme, por favor, qué dicen». A regañadientes, el ayudante lee sólo las conclusiones: «Compromiso severo de ambos pulmones, monseñor». Valech resignado da por terminada la entrevista y se va a la misa de 12 en una capilla que hay en una salita contigua. «Venga más tarde», pide.
Las tres cajetillas de cigarrillo al día que se fumaba le están pasando la cuenta a Sergio Valech Aldunate (83), hijo de un inmigrante sirio, ex alumno del Saint George, articulador de acuerdos en la Mesa de diálogo sobre Derechos Humanos (1999-2000) y en la comisión sobre la tortura cuyo informe remeció al país y que lleva su apellido. En esta casa, donde viven ex autoridades de la iglesia, un kinesiólogo le realiza masajes diariamente por las mañanas, enfermeras lo ayudan para moverse y siempre traslada consigo un equipo de ventilación cuya sonda lo abastece de oxígeno. La entrevista se reanuda horas más tarde y Valech le hace el quite a hablar de su salud.
-¿Cuál es el diagnóstico, monseñor?
-No lo sé, se me quedó allá el papel de los exámenes. El médico tiene que verlos para decir qué es lo que tengo.
-Pero está con tratamiento
-Sí, con kinesiólogo, bueno, ahí veremos.
A pesar de su salud deteriorada, Sergio Valech mantiene el control de esa casa, manda a todo el mundo sentado junto a un escritorio donde mantiene un vaso de jugo, papeles, estampitas del Jesús de la Divina Misericordia, una biblia y una chequera con un talonario a medio terminar cuyos cheques reparte ante las innumerables personas que llegan a pedirle ayuda económica (ver recuadro).
Otra muestra de que mantiene claras sus ideas es su opinión sobre la situación de los comuneros mapuches que están en huelga de hambre: «Creo que nadie tiene derecho de atentar contra su vida para negociar», expresa categórico.
Valech se considera un «cura momio», no les teme a las opiniones disonantes, como tampoco le tuvo miedo al entonces fiscal Fernando Torres Silva que en 1988 le exigió las fichas de la Vicaría de la Solidaridad. Entonces, en pleno estadio de sitio, el cura las mandó a esconder.
-En ese tiempo Torres Silva era todopoderoso.
-Claro, ahora creo que está medio venido a menos.
-Fue condenado en un caso judicial.
-Pucha, pobre Torres.
-¿Lo conoció personalmente?
-Sí, muchas veces estuvimos conversando. Después de que terminó toda esa fiesta nos seguimos viendo. Un día vino a verme aquí.
-Terminaron siendo amigos.
-Sí claro, pero no insistamos mucho en cosas que puedan ser malinterpretadas para la parte de él.
-¿Es verdad que ni siquiera usted sabía dónde estaban las fichas de la Vicaría?
-Lo que pasa es que se las pasé a una persona y le pedí que las fondeara en otra parte y que no le dijera al vicario ni a nadie donde estaban. Menos a mí.
-Volvió la democracia y le tocó presidir la Mesa de diálogo. ¿No se sintió un poco ingenuo?
-No, creo que fue muy útil para la reconciliación, hubo un acercamiento importante entre las víctimas y los militares.
-Usted es considerado un hombre bueno por personas y dirigentes de todos los sectores.
-Por lo menos he visto manifestaciones de distinto origen entre militares y civiles, ricos y pobres y eso me afecta, me emociona. Bueno, pero a mí me gusta el anonimato.
-¿Cuando estuvo en la Mesa de diálogo se enteró del paradero de las víctimas?
-Personalmente no. A veces llegaban padres (sacerdotes) con información y los pasaba con los abogados, pero yo trataba de no enterarme.
-¿Nunca se enteró de dónde pudieran haber restos de detenidos desaparecidos?
-No, salvo lo del Cementerio (General), que a mí me tocó abrir e ir a ver lo que había en el Patio 29.
-¿Cree que es posible encontrar más restos?
-No, creo que hay que dar vuelta la página, en ciertas etapas de la vida hay que buscar nuevos caminos de reconciliación y de paz. No seguir con situaciones que la juventud de hoy desconoce.
-¿Qué le parece la mesa de diálogo que se realiza por el conflicto mapuche?
-Hay que buscar siempre las ocasiones de diálogo. Por algo tenemos la inteligencia y la voluntad para llegar a acuerdos que satisfagan las inquietudes de ambos sectores. Pero la huelga de hambre es poner la vida a la altura de una circunstancia material y no hay derecho para eso, sobre todo para las familias y los hijos.
-En los tiempos de la Vicaría de la Solidaridad usted daba amparo a los perseguidos, ¿cree que ahora hay chilenos que están siendo perseguidos?
-No sabría decirle. Por lo menos no he oído que haya persecución. Estamos en un estado de derecho en el cual se puede reclamar y buscar las posibilidades para encontrar feliz término a todas las inquietudes.
-¿A quién le gusta para reemplazar a monseñor Francisco Javier Errázuriz en el Arzobispado de Santiago?
-En eso hay que esperar que el Santo Padre, en los estudios que realiza, nombre al mejor.
-Un candidato que parece que va con fuerza es el obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González.
-A mí me parece que él es sumamente joven. Si le faltan como 25 años para jubilar. Él lleva muy pocos años en la jerarquía eclesial.
«Nadie tiene derecho de atentar contra su vida para negociar».
Mecenas de la iglesia, benefactor de los pobres«Era una hacienda que limitaba con Argentina. Se fue vendiendo de a poco», recuerda Sergio Valech cuando se refiere a las 900 hectáreas que su padre, Antonio Valech Haddad, compró a la congregación de la Recoleta Dominica y que después se convertiría en la exclusiva zona de Los Dominicos y San Carlos de Apoquindo. Cuando sus padres murieron él y su hermano heredaron. Su hermano, sin hijos, también murió hace algunos años.
Valech ha donado terrenos a la iglesia y financia múltiples proyectos para universidades. Actualmente se construyen varios policlínicos administrados por la UC en sectores populares. Una inversión superior a los 10 millones de dólares según se ha publicado.
-Ah si, no sabía ¿Son bonitos?
-Pero, monseñor, si ese proyecto lo financió.
-No me gusta hablar de eso.
Tampoco habla de los numerosos visitantes que llegan a pedirle plata.
Después de la entrevista llega una visita. Él la atiende, conversan y abre su chequera. El hombre, agradecido, le da la mano y se retira. Se llama Julio César, un ex guerrillero colombiano refugiado en Chile. «Monseñor Valech me dio una pensión durante 3 años mientras yo estudiaba. Le estoy muy agradecido y cada vez que puedo vengo a visitarlo», dice.


