Jugar mal y ganar con un gol en el sexto minuto de tiempo agregado igual es parte de las obligaciones propias de un equipo grande. Que ese gol sea un golazo ya es mérito de Cristián Zavala.
El gol de Cristian Zavala a Unión Española tiene prácticamente la misma energía que el que le anotó hace dos años casi clavados a Huachipato: un zapatazo agónico metiéndose en un rincón cuando Colo Colo, su equipo, no tenía luces ni herramientas para ganar un duelo imposible. En los minutos finales el de entonces, ya en los descuentos el de ahora: Zavala de pronto se vuelve un héroe de la desesperación, ocasional y furtivo.
¿Diferencias? El de 2022 lo hizo en un equipo que jugaba mejor y, de hecho, a él lo utilizaba poco. El de 2024 le dio otra vida a un equipo débil en ataque, inconcebible en el mediocampo y desordenado en defensa: al borde del colapso, en resumen. Entremedio, por supuesto, Zavala tuvo una temporada de aprendizaje y más minutos jugados en Curicó que lo convirtió en un jugador necesario y hasta determinante, si bien todavía está en proceso de mejora.
La suya es una historia típica de superación en el campeonato casero. Zavala cumplirá 25 años dentro de un par de semanas y aún no cruza del todo el umbral que separa a las promesas de los verdaderos cracks. Pero está bien, así viene la mano a veces y hay que jugar las mejores cartas. Hoy es titular en Colo Colo y acaba de volver de una Copa América con la Roja. Incluso empiezan a sonar ofertas desde el extranjero.
Jugar mal y ganar con un gol en el sexto minuto de tiempo agregado igual es parte de las obligaciones propias de un equipo grande. Que ese gol sea un golazo ya es mérito de Cristián Zavala. Y de Erick Wiemberg, que inventó un centro en una de las pocas maniobras que terminó bien en toda la parte.
Hay que decirlo. Colo Colo ganó aunque no merecía ganar. Pero tal vez hay que plantearlo de otra forma, desde el otro extremo de la soga: Colo Colo no merecía ganar, pero ganó por varias razones que se acumularon migaja a migaja hasta saciar el hambre. Al zurdazo al ángulo de Zavala hay que sumar la inexplicable renuncia de Unión Española a tratar de ganar un partido que en cualquier momento podía meterse en el bolsillo y el efecto residual de los cambios de Jorge Almirón en Colo Colo cerca del epílogo.
Esto podría ser un elogio al olfato de Almirón y no. Es otra cosa. Su equipo salió del primer tiempo con una ventaja de penal de VAR y con muchos fallos evidentes que le pedían a gritos las modificaciones que recién realizó después de que le empataron y el miedo a una derrota crucial acechaba a los suyos en el Monumental. Del otro lado, en la banca de Unión, Miguel Ponce contribuyó limándole los dientes a un ataque que tenía por las cuerdas a los albos.
Un triunfo extraño de Colo Colo y una derrota autoinferida de Unión Española con un final callejero que sólo se podría por la impotencia de unos y otros: la de jugar bien en el caso de los albos y la de entregar el protagonismo de los rojos, envueltos ambos en papel de regalo por el providencial gol de Zavala.


