El dramático relato del colombiano que pisó una mina antipersonal

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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Leandro Cortés, presidente de Ciudadano Global en Arica

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Autor de la Foto: Christian Jamett
Título/Pie de foto: Marco dice que no tenía otra alternative para salir del país.

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Título/Pie de foto: «No sentí dolor. Sentí que algo me lanzaba hacia delante, como catapultado». Marco Cabeza Caicedo


Marco Cabeza Caicedo quería visitar a su madre y terminó con un pie amputado

Joven de 20 años explica los problemas que ha tenido después de que se le venciera la visa de residencia.

Juan Morales
A rica .»No pensé mucho en lo que hice, la verdad, pero estaba desesperado. Llevaba tres años sin ir a mi país, Colombia, y no podía salir porque estaba irregular. Debía unas multas por lo mismo, porque se me había vencido la visa, pero tenía más miedo de salir por un paso fronterizo legal y que después no me dejaran entrar de nuevo».

«Yo tengo un hijo de ocho meses que nació aquí, en Arica, y tengo una mujer colombiana. Tengo una vida aquí. Me gusta Chile. Es tranquilo, hay gente acogedora, aunque hay otra que no lo es tanto».

«No lo pensé mucho, como le decía. Como a las dos y media de la madrugada partí sin avisarle a nadie. Me fui por la ruta donde se van todos. Por lo menos eso es lo que me han dicho mis amigos. Hay que caminar a unos cuantos metros a la derecha de la carretera que va a Tacna y pasar. Yo me guiaba por la luz del control aduanero de Chacalluta. Fue lo último que vi. Entonces vino el bombazo».

«No sentí dolor. Sentí que algo me lanzaba hacia delante, como catapultado, ¿me entiende? Y después sentí como que el pie se me hinchaba. Pero no sentí dolor. Será porque todo fue muy rápido, quién sabe. Después me vi el pie izquierdo y vi toda esa sangre. Recién ahí me di cuenta lo que había pasado y que en realidad no debí pasar al Perú por el desierto».

«Quedé tirado como tres horas antes de que me fueran a rescatar. La policía no podía llegar y pasar por la posibilidad de que hubiese otras minas antipersonales. Me sacaron de allí cuando la pierna la tenía ya toda acalambrada».

«Cuando desperté en el hospital, me dijeron que me habían tenido que amputar el pie izquierdo. Fue tremendo para mí. Me vino la desesperación. Pensé en el futuro, en qué iba a trabajar, qué sería de mi familia. Lloré. Pero ahora último he estado mejor de ánimo. Soy fuerte y voy a salir adelante. No se puede hacer nada con el pasado: lo hecho, hecho está, y no queda más que afrontar las consecuencias de mis actos. Además, este no ha sido el primer problema que tenido que encarar».

«Yo nací hace veinte años en el puerto de Tumaco de Nariño, al sur de Colombia. A los quince mi papá me llevó al Ecuador para escapar de la violencia que había. Hay temas con el terrorismo que prefiero no hablar. Hay amenazas a mi familia y otro tipo de cosas que prefiero reservármelas por miedo. Pero también había mucha violencia callejera. Balazos todo el día. Cuerpos de gente que aparecían envueltos en bolsas de plástico a la orilla del río. Otros ni siquiera aparecían».

«En Ecuador estuvimos un año, hasta que a mi papá le salió un contrato de trabajo en Arica. Decían que en Chile la cosa estaba buena. Llegué aquí a los 17 años. Cuando cumplí los 18, comenzaron mis problemas. Ese día se me venció la visa, porque dependía de mi papá. Al ser mayor de edad debía sacar visa, pero a mi nombre. Y para eso ponen puros problemas».

«Para empezar debía sacar cédula de identidad colombiana y en Arica no hay consulado. El más cercano está en Antofagasta. Hay que pagar pasaje, pagar papeleos y esperar una enormidad. También está el asunto del pasaporte. Pero lo más difícil para conseguir visa es que hay que tener contrato de trabajo».

«Yo he trabajado aquí de obrero de la construcción, pero nunca con contrato. Por lo mismo se aprovechan de uno. Hay patrones que me han tratado muy mal, aunque otros no. A veces no me pagan y por exigir lo que me pertenece, me han amenazado con denunciarme a Carabineros para que me echen del país».

«Una vez mi mamá viajó para acá para verme y no la dejaron entrar. Llegó a la ventanilla del control aduanero y le dijeron no, usted no entra. Pero por qué, les preguntó. Porque no. Se quedaron callados sin decirle nada. Mi mamá tuvo que devolverse a Colombia».

«¿Me entiende ahora por qué no me atrevía a salir de Chile por el paso fronterizo? Porque me iba a pasar lo mismo que mi mamá: no me iban a dejar entrar. ¡Y yo solo quería ver a mi mamá, señor! No la veo hace tres años. La quería saludar, ver a mis amigos en Colombia y devolverme a Chile. Pero aquí no se puede, señor. Está bien, no fue la mejor decisión cruzar a Perú por el desierto. ¿Pero qué otra alternativa tenía?».

Leandro Cortés, presidentes de Ciudadano Global

«A los negros los tratan muy mal»

Leandro Cortés, presidente de Ciudadano Global en Arica, que vela por los derechos de los inmigrantes, dice que los colombianos más discriminados son, por lejos, los de piel oscura. «A los negros acá los tratan muy mal», dice. «Ha disminuido un poco el asunto después del caso del venezolano Emilio Rentería (futbolista de San Marcos de Arica que ha sido víctima de racismo), pero sigue siendo fuerte», agrega.

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