El enigmático J. M. Coetzee celebra su cumpleaños número 70

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El autor de Desgracia festeja publicando su tercera novela autobiográfica

Ganador del Premio Nobel 2003, el escritor sigue fiel a su estilo reservado: no da entrevistas, no aparece en público y sólo se muestra a través de sus libros.

Cuando J.M. Coetzee ganó el Premio Nobel de Literatura, en 2003, numerosos artículos periodísticos identificaron al autor sudafricano como «John Michael Coetzee». Actualmente, sin embargo, se le conoce como «John Maxwell Coetzee». ¿En qué quedamos?

Nadie puede responder la pregunta con certeza, porque el escritor (quien rehúye tanto las apariciones públicas como las entrevistas) sigue firmando sus libros como J.M. Coetzee, negándose tozudamente a entregar su segundo nombre. De hecho, ha declarado que jamás revelará su nombre completo.

El celo con que cuida su identidad es sólo una parte de la reserva que el autor ha extendido sobre todo lo que se refiere a su persona: el hombre -quien es el único que ha obtenido en dos ocasiones el prestigioso premio Booker- casi nunca va a recibir los galardones que se acumulan en su currículo (hizo una excepción con el Nobel), mientras que los hechos de su vida sólo se conocen a través de los datos que él mismo ha incluido en sus novelas autobiográficas Infancia y Juventud .

Algo que sí se sabe con seguridad es que el narrador nació en un día como hoy, 9 de febrero, pero en el año 1940. Precisamente para celebrar ese aniversario, acaba de publicar en Alemania su tercera entrega autobiográfica, Summertime , relato en el que imagina su propia muerte y asume las voces de quienes lo recuerdan.

La aparición de ese nuevo trabajo, ciertamente, ha despertado el apetito de sus cada día más numerosos seguidores: quienes lo descubrieron con su fenomenal y devastadora novela Desgracia (obra de 1999 que es considerada como su máxima creación) esperan con ansias cada nueva publicación del sudafricano que, sin adherir a discursos políticos ni de ningún tipo, ha sabido retratar y diseccionar la infecciosa violencia que aún consume a su país tras el fin del Apartheid.

Dueño de un estilo frío y distante que le permite escarbar en los misterios de la crueldad humana con una precisión que estremece hasta a los más duros, Coetzee tampoco tiene piedad a la hora de referirse a sí mismo. En Summertime , el autor incluye el testimonio de un personaje femenino que fue su amante y que, al recordar al «difunto» comenta: «Él no era un gran hombre. Era un hombrecito, un hombrecito sin importancia. ¿Cómo puedes ser un gran escritor si sólo eres un hombrecito ordinario?

La voz de Elizabeth

A J.M. Coetzee le gusta jugar con las identidades que asume en su calidad de narrador. Ese rasgo de su propuesta se advierte claramente en «Elizabeth Costello» (2003), libro donde reúne varias conferencias que creó utilizando la voz de Elizabeth Costello, una veterana y ficticia escritora australiana que, por cierto, le sirvió para expresar sus más controvertidas ideas acerca del hombre y el mundo.

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