Durante 20 días lo dieron por desaparecido
Qué tengo que andar desmintiendo nada, responde Manuel Flores, el supuesto finado que se salvó del tsunami saltando a un bote.
«Gracias a Dios que estamos con salud y vivos», dice pausado Manuel Flores Monsalves. El hombre de 68 años quedó sin casa tras el maremoto y se suponía que también había perdido la vida. Su nombre aparecía en la lista de desaparecidos y durante 20 días las patrullas lo buscaron en el sector de isla Rocuant, en la costa de Talcahuano, donde los escasos vecinos lo daban por finado. Hasta que el viernes pasado dos carabineros lo encontraron de lo más vivo en el terminal de buses de Collao, donde había ido a esperar a un familiar que le llevaba unos encargos de Cabrero.
Pero vamos por parte, recalca don Manuel, ahora instalado en la casa de unos parientes en la población Las Higueras. Todo empezó cuando presintió el tsunami. «Sonaba como si vinieran 50 camiones rodando por la costa», recuerda el arriero, quien de adolescente sobrevivió al maremoto del 60 en Mehuín, así que no dudó en poner una escalera y subirse al techo.
De un tirón elevó a su menuda esposa, Carlina Carrillo. «El agua era como un rodillo, entró a la casa y dejó la quebrazón de cuestiones, en tanto yo abrazado al poste de la chimenea», agrega.
Providencialmente una panga -bote de metal- encalló en la casa y a ella saltó el matrimonio. Ahí se quedaron por cinco horas.
Lo extraño, alega, vino al día siguiente, cuando quiso pedir ayuda en la municipalidad de Talcahuano para salvar a sus animales. Dice que nadie le dio pelota. «No movieron una pata porque no llegaba el señor alcalde, lo esperé cuatro horas y después me fui. Ahí supieron que estaba vivo», recalca indignado. También despotrica contra los periodistas que, afirma, estaban en el lugar devastado y tampoco lo habrían escuchado.
Él cree que la confusión se produjo debido a que le robaron su cédula de identidad desde su camioneta. «Después apareció un muerto que llevaba mi carné, pero eso no le calzaba a la policía cuando hicieron pruebas. El muerto no era yo», reflexiona.
Un sobrino de Lota vio en el diario que lo buscaban y avisó a Carabineros que su tío estaba a salvo. Así fue cómo los uniformados lo encontraron en el terminal de buses.
-¿Pero por qué no avisó que estaba bien?
-Desde el primer día los amigos me comentaban que me tenían por desaparecido, pero qué tengo yo que andar desmintiendo nada, señor, yo andaba en lo mío, haciendo mis quehaceres y tratando de salvar lo poco que me quedó.


