Pablo Zeballos, investigador internacional del crimen organizado, analiza lo ocurrido en Puente Alto
Autor del libro Un virus entre sombras explica el proceso de cómo las bandas se apoderan de las tomas.
Allí, un grupo de delincuentes extranjeros y algunos nacionales controlaron la toma y fijaron pagos que debían realizar las cerca de 200 familias para tener seguridad (guardias rondines), agua, energía eléctrica y hasta servicio de retiro de basura.
Zeballos, autor del libro «Un virus entre sombras» sobre crimen organizado y delincuencia, dice que «lo que vemos en Puente Alto, que es muy dramático, es cómo estas organizaciones suplen a los representantes de los mismos asentamientos que existían y ponen a su propia gente en esos mismos cargos».
«En estas lógicas de sumisión y de control del territorio, normalmente hay factores de intimidación y violencia, que son dramáticos y que son realidades a las que vamos a tener que acostumbrarnos a observar en Chile para el desafío de detenerlas a tiempo», asegura.
Respecto de si una toma, por ser ilegal, es propicia para que las controlen estas bandas, el investigador internacional del crimen organizado dice que «en Chile hemos tenido una explosión de estos asentamientos precarios o lugares donde ha llegado gente tanto nacional como extranjera a tomárselo y a habitar, pero una de las dinámicas más importantes es que cuando esos asentamientos están integrados por muchos extranjeros, se instalan lógicas que traen ellos desde sus países».
¿De qué se tratan esas lógicas?
«Por ejemplo, desconfiar de la autoridad y entender que la gobernanza criminal territorial es algo normal, que no hay que denunciarla. Obviamente esos modelos de no-denuncia convierten a las comunidades en cómplices de la actividad criminal, pues permiten tener desde un laboratorio clandestino para modificar droga hasta centros de tortura, de castigo, como los que hemos visto y que son característicos de organizaciones como el Tren de Aragua».
¿De qué manera desconfían de las autoridades?
«La gente que habita estos lugares ya viene desconfiando de las autoridades. Normalmente, cuando son extranjeros, provienen de una realidad donde la desconfianza es una forma de ver la sociedad. Por el nivel de corrupción que existe en sus países por autoridades que, para ellos, deberían ser la garantía de su seguridad. En muchos países de la región, las principales organizaciones extorsivas provienen de las propias policías. Entonces no confían mucho en las autoridades chilenas pensando en una lógica bastante similar. A eso le sacan mucho provecho las organizaciones criminales».
Entonces ¿es habitual que lo de Puente Alto ocurra en otros países?
«Es algo relativamente habitual, pero que con ocasión de la pandemia y los flujos migratorios irregulares se ha hecho evidente no sólo en Chile, sino en gran parte de la región donde ha ocurrido esta gran movilización de personas en busca de nuevas oportunidades».
¿Lo de la toma en Puente Alto tiene ese trasfondo?
«El trasfondo de esto, más allá de los diversos fenómenos sociales que involucra, como estos asentamientos que no tienen los servicios necesarios para poder vivir, que se van regularizando en forma autónoma, donde al Estado posteriormente no le queda otra más que transar, es el fenómeno de fondo, que es el control del territorio y la gobernanza criminal del mismo».
¿Ahí entran, entonces, estos organismos criminales?
«Para los efectos estadísticos, para los análisis geoterritoriales de un Estado, ese es un sitio acampado, donde no hay existencia de personas y, por lo tanto, los servicios públicos no llegan. Ahí es cuando organizaciones criminales llegan a entregar esos servicios».
En este caso, a cambio de dinero, la organización criminal que se apoderó de la toma les ofrecía hasta seguridad a los vecinos, ¿no es una paradoja?
«No lo es. Son estructuras criminales organizadas que tienen entendido que de la diversificación de los mercados ilícitos pueden sacar mucho provecho. Por lo tanto, ya no es sólo narcotráfico, sino también el control del territorio, que involucra la venta de servicios, el monopolio de algunos productos, el silencio de las personas, la venta de los propios terrenos. En definitiva, son múltiples mercados ilícitos que van conformando un ecosistema criminal realmente exitoso y muy bien remunerado. Eso es importante saberlo».
Es como si fuera su propio país.
«Hay una frase muy importante que puede reflejar esto. La dijo el juez Giovanni Falcone, asesinado por la mafia italiana. La frase textual dice así: La arrogancia del crimen organizado es del mismo tamaño de la ausencia del Estado».


