Tras sufrir un ACV le donó tratamiento a un hombre que había pasado por lo mismo
Se trata de una rehabilitación con electroestimulación que abarca seis meses. Sentí mucha satisfacción al poder ayudarlo, asegura el animador.
A dos meses de sufrir un accidente cerebrovascular que lo llevó a internarse de urgencia, Leo Caprile (64) cuenta una historia humana que lo tiene a él y a un vecino de Curacaví como protagonistas.
«Dos días después del ACV, me ofrecieron un tratamiento de rehabilitación con electrodos. Consulté con mis médicos, pero me dijeron que yo no iba a necesitar kinesioterapia porque podía mover brazos y piernas, así que lo rechacé», rememora. «Por curiosidad pregunté cuánto costaba. Quince palos, me respondieron. Ahí les propuse si podía regalárselo a alguien que de verdad lo necesitara».
Pasó el tiempo y cuando ya estaba más activo, salió y se topó con Juan Espinoza, un vecino en el mismo condominio en La Aurora, de Curacaví. «Era un señor que caminaba muy raro, con mucha dificultad y me dice hola, colega. ¿Por qué colega? Tuve lo mismo que tú: un ACV, me contesta. Pensé que había sido hace poco, pero llevaba cuatro años así. Me dejó descompuesto al punto de devolverme al auto. Lloré pensando de la que me salvé. Me daba vergüenza mirarme a mí y mirarlo a él tan complicado».
Ahí fue cuando se le ocurrió donarle el tratamiento. «Se lo ofrecí, pero al principio como que no me creyó mucho, sí me dijo que le interesaba. Nos intercambiamos los teléfonos y en un par de días le confirmé el asunto. Ya empezó a ir».
Felipe Covarrubias, kinesiólogo y director clínico de Trainfes Chile, detalla que el tratamiento consiste en «una neurorehabilitación con tecnología de electroestimulación funcional que abarca seis meses». «Don Juan, que tiene una marcha inestable y rígida arrastrando mucho un pie, lleva tres sesiones: la evaluación de un fisiatra, la capacitación para enseñarle los ejercicios de acuerdo a su patología y una tercera sesión con su propio protocolo de entrenamiento», precisa.
¿Es amigo de Juan o simplemente conocido, Leo?
«Nada, él me contó que una vez le había llamado la atención porque en el almacén del condominio se había detenido en el estacionamiento para discapacitados sin tener la cruz de Malta señalizada en su auto. En eso soy implacable, les tomo la patente y llamo a Carabineros. Me dijo que estaba delicado y salió con bastón. Yo no me acordaba de eso».
¿Se sintió como el viejito pascuero?
«Como el joven pascuero, jajajá. Quiero que lo disfrute como cabro chico, me imagino que está viendo avances. Me dio mucha satisfacción poder ayudarlo, porque él no recibió la atención a tiempo. Parece que se demoró cuatro horas. Yo a los 25 minutos ya estaba en una camilla y no tengo nada. Ando con bastón, porque quedé con una debilidad en la rodilla, como que se me dobla, pero no sé si es de viejo o por esto. Lo uso por precaución».
El animador asegura que luego de lo que le pasó, «he descubierto cantidad de gente que ha tenido lo mismo. Estoy sorprendido. El otro día en el supermercado una señora joven me contó su caso. No sé si hacer una fundación o una charla para transmitir mi experiencia y que sirva como prevención: hay que tener redes de apoyo, conocerse a uno mismo y tener buenos hábitos. Ahora casi no como de noche, estoy tomando yogurt y leche natural, mucha verdura. Sólo tengo permiso para salirme una vez a la semana».
¿No le da susto tener una recaída viviendo en Curacaví solo?
«Me vine a Curacaví hace tres años, después de separarme y tengo una red de apoyo extraordinaria acá y en Santiago. Es una cadena de amigos que me llaman todo el día preguntando si necesito algo. Estamos a 40 minutos del hospital».


