Es increíble como en un mismo siglo, una misma semana y un mismo país dos organismos encargados de salvaguardar la cordura en dos importantes áreas del quehacer nacional pueden actuar de manera tan diferente.
El primero es el Tribunal de Penalidades del fútbol profesional chileno, que sancionó con cinco partidos de suspensión a un arquero (Federico Elduayén, de O'Higgins) por levantar rudamente a un rival del suelo, lanzarle un mamporro a otro que corría a encararlo e incitar a que el conato continuara fuera del estadio. Para redondear la ecuanimidad del dictamen, se absolvió al otro expulsado tras la refriega (el gran Mauro Olivi, de Audax), el primer violentado por el golero.
El segundo es el retrógrado Consejo Nacional de Televisión, que acordó formular cargos contra Chilevisión por «atentar contra los valores culturales de la nación», a través de gags de «El club de la comedia» en que se hacía una simpática y libre recreación de pasajes de la vida de Jesús.
Me extraña que los quisquillosos integrantes del Consejo, ahora que llegó plata fresca a Canal 13, no hayan aprovechado de formular cargos con efecto retroactivo a esa estación por todo el tiempo en que mostraron una caricatura de un angelito, mofa flagrante a una criatura celestial.
Desde mi condición de católico que no se sintió ofendido en lo más mínimo por las parodias de Pedro Ruminot y sus apóstoles (¿o deberé decir socios para que no me caiga la teja a mí también?) le dedico al mal chiste del Consejo mi más sonoro CUEEEEEEEEEC.


