Nelson Cabrera fue desterrado de Colo Colo hasta que lo rescató el Tolo
Era capitán de Cerro Porteño y seleccionado paraguayo cuando lo contrataron los albos el 2009. Pero lo mandaron a préstamo y hasta jugó con los juveniles. Hoy es titular inamovible.
A los ocho años, cuando sintió que el fútbol le movía la sangre, Nelson Cabrera tomaba a diario un bus que lo trasladaba desde su natal Itauguá hasta Asunción, donde entrenaba en las inferiores de Olimpia. Una hora y media duraba el trayecto. A veces, con poco y nada en los bolsillos. Era tiempo suficiente para extrañar a sus padres, Nelson y Dionisia Báez, y para dibujar el futuro mientras llegaba a la capital paraguaya.
A los 25 años, ya cumplidos sus sueños de ser seleccionado de su país, titular en Olimpia y capitán de Cerro Porteño por dos temporadas, llegó a Colo Colo, el 2009. Paso en falso. No anduvo bien en la Libertadores con Marcelo Barticciotto y luego Hugo Tocalli lo desechó. Cuando regresó del préstamo en Rumania, el año pasado, Diego Cagna tampoco lo quiso y mandó al central paraguayo a jugar con los juveniles.
Con la llegada del Tolo Gallego, el mundo se le rearmó a Cabrera. Hoy con 27 años, es número puesto al lado de Andrés Scotti. «El profe ha sido fundamental para mí y para mis compañeros. Sus charlas son realmente motivadoras y muy claras, porque entendemos muy bien lo que él quiere que hagamos en la cancha. Me ha dado la confianza de jugar», dice el larguirucho que vive en una bella casa en el faldeo precordillerano de Macul, con su mujer, Julia, a quien conoció en el colegio, y sus hijos Julieta (10) y Nelson (un año).
-¿Cómo viviste cuando fuiste sacado de Colo Colo?
-Eran momentos complicados, pero siempre me apoyé en mi familia y la fe en Dios. Sabía que las cosas me saldrían bien en algún momento, que todo esto se daría vuelta. Sabía, también, que para lograrlo no hay secretos, era cuestión de trabajar, nomás. Me entregaba al máximo en las prácticas, aunque sabía que no jugaría en el plantel titular y sí con los juveniles. Igual estaba contento porque aprovechaba cada detalle, cada consejo de los entrenadores de las cadetes.
-Pero nadie está alegre cuando te rebajan, incluso, a jugar un amistoso con Melipilla, pues Nelson.
-Sí, pero eran partidos que me servían para ponerme bien. Ante estas situaciones, hay que trabajar y poner buena cara, sabía que regresaría.
-¿Te sentiste humillado como jugador, como persona?
-Me sentía un poco raro, sí, porque he jugado bastante en mi carrera. Pero, bueno, hay que verle el lado positivo, fue una experiencia a superar, como cuando de pequeño viajaba esa hora y media para entrenar en Asunción. Era mucho sacrificio, pero lo hice.
-¿Fue fome que te enrostraran que costaste un millón de dólares?
-Sí, me sorprendió mucho el manejo de la gente respecto a eso, que cuánto gana un jugador, que cuánto costó. Creo que más allá de lo que uno cuesta, tienen que mirar primero a la persona, porque antes que ser jugador de fútbol o ser periodista o de ser doctor o médico, primero que nada es un ser humano y tiene sentimientos.


