Esto le va a dar más motivación para obtener grandes resultados y darle alegrones a Chile, dice el cubano
Con su triunfo ante Yasmani Acosta, el luchador cubano hilvanó su quinto oro consecutivo en la misma prueba, un hito sin precedentes en la historia del deporte mundial.
Una leyenda entre las leyendas. El cubano Mijaín López acaba de superar sin contemplaciones a Yasmani Acosta e inicia un festejo loco: carga como si fuera un bebé de pecho a su entrenador, Raúl Trujillo, como ya había hecho cuando se colgó el oro de Río 2016; luego al preparador físico, corre y ríe dichoso. Y hasta que «El Gigante de Herradura», como le llaman al pentacampeón olímpico por su pueblo natal, termina dejando sus zapatos en el centro de la colchoneta, un símbolo de que su retiro llegó.
Y se va por la puerta grande: ganando su quinto oro consecutivo en los Juegos, un hito sin precedentes en la historia tanto de la lucha (el japonés Kaori Icho registró cuatro seguidos) como del deporte mundial.
López, a quien también se le conoce como «El Terrible» por razones obvias, se despide con una marca de 23 victorias y apenas una derrota en su bitácora olímpica, que iniciara con su quinto lugar en Atenas 2004.
Ahora tendrá más tiempo para compartir con su señora, Mailyn González (ex esgrimista, que fue 31ª en sable en Beijing 2008) y con su hermano Michel (bronce en superpesado de boxeo en 2004).
Atrás quedaron meses difíciles para López, quien llegó con poco rodaje a Paris 2024, porque ya su físico recomendaba dosificar y porque perdió a su padre, Timoteo Bartolo, quien era uno de sus más importantes pilares.
Pero le Champ de Mars Arena ha sido escenario de una nueva gesta del cubano, quien le pasa el testimonio al chileno, al que conoció cuando este era un adolescente que soñaba con imitar a su ídolo. Fueron nueve años los que López y Acosta entrenaron juntos en La Habana, y se conocen de memoria, se respetan, se aprecian. Incluso, en los últimos meses estuvieron entrenando juntos en Bulgaria, así que es una amistad a prueba de todo.
«Es una sensación muy bonita. Creo que poder estar en una final con Yasmani, que es como un hijo de la lucha, es muy especial. Es poder compartir ese sueño tan importante en mi vida, en mi carrera deportiva, e incorporarlo a él también es un sueño para Yasmani. Esto le va a dar más motivación para obtener otros grandes resultados a nivel mundial y darle esos alegrones a Chile, que tanto los necesita», cuenta López.
¿Qué hablaron antes del combate, Mijaín?
«Bueno, antes del combate hablamos tantas cosas, es que tenemos mucho qué contar. Fueron muchos años de carrera deportiva juntos en que yo aprendí de él, y él de mí. El que él haya llegado a una final olímpica demuestra también que la escuela que tuvimos fue muy buena».
¿Y ahora le deja su relevo?
«De todas maneras, siempre voy a querer que le vaya bien».


