Mientras la Armada investigaba lo que todos sabíamos a tres días del desastre, el país cambió y sigue cambiando.
Veintiún días se ha demorado la Armada, única encargada de vigilar nuestros miles de kilómetros cuadrados de mar, única garante de la ley en gran parte de nuestras destrozadas costas, esas que es su deber y principal trabajo proteger, en dar la cara por el tsunami. Entremedio cambió el gobierno. Entremedio algunos responsables civiles han dado la cara. Entremedio, Carmen Fernández, que no hizo más que actuar en torno a una información mal chequeada, renunció a su cargo. Entremedio se apagó la luz, se saquearon supermercados, hubo Teletón express, se instalaron hospitales de campaña y el niño Zafrada se convirtió en estrella.
Mientras la Armada investigaba lo que todos sabíamos a tres días del desastre, el país cambió y sigue cambiando, mirando sin comprender el rostro mismo de su propio terror. En esos 21 días nadie más que los responsables de la Armada ha podido darse el lujo de esperar, de tomarse la justicia con calma, de preguntarse por lo evidente. Ventitrés días, casi un mes. Con esa velocidad de respuesta, Dios nos libre de una guerra de verdad. Dios quiera que sigamos dependiendo para nuestra defensa de la diplomacia de los civiles y de la habilidad de nuestros políticos, de este Gobierno y del anterior, vilipendiados por todos, criticados hasta el delirio, pero que ante el horror y la muerte agacharon antes que nadie la cabeza y se pusieron a trabajar.


