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Título/Pie de foto: «Maíz en olla ilustre con el pebre de la pacífica pasta de corazón verde y salmón del Chiloé marino»: toda una inspiración.
FOTO 2
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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Este es el menú completo que el chef Carlo von Mühlenbrock, creó y desarrolló para el almuerzo que Michelle Bachelet ofreció para los comensales del Consejo de seguridad de la ONU. Nótese que fue presentado en español e inglés.
FOTO 3
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Autor de la Foto: FRANCISCO CRESPO
Tras presidir Consejo de Seguridad ofreció almuerzo inspirado en las Odas de Pablo Neruda
El chef Carlo von Mühlenbrock preparó un menú, inspirado en la poética nerudiana, para agasajar a 35 invitados del Consejo de Seguridad.
Ariel Lara
Nueva York. En el cuarto piso del cuartel general de Naciones Unidas, en una invernal Manhattan, Michelle Bachelet termina de presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e invita a los representantes de los países miembros a compartir un enjundioso ágape.
Reaparición: paréntesis antes de tan connotado almuerzo. Este lunes fue la primera vez que Bachelet y el canciller Heraldo Muñoz se mostraban en público luego de estallar la polémica por los recursos que habrían llegado desde Estados Unidos para la campaña de la Presidenta, dineros que el hoy canciller recaudó a través de la invitación a una «expedición de recaudación» por la bahía de Manhattan, en septiembre de 2013.
ONU: Chile es un miembro no permanente del Consejo de Seguridad y, en su calidad de tal, preside este mes la instancia, cuyas tareas son preservar la paz mundial, crear el plan denominado «Desarrollo inclusivo para el mantenimiento de la paz y seguridad internacional» y coordinar las acciones de la ONU ante un eventual desastre humanitario global, léase epidemia, hambruna, guerra e invasión extraterrestre incluida. En lo doméstico, también le corresponde a nuestro país ofrecer un almuerzo al más alto nivel a los funcionarios aventajados de Naciones Unidas, entre ellos su secretario general Ban Ki-Moon y los representantes diplomáticos de los países miembros del Consejo de Seguridad, algunos de ellos son China, Gran Bretaña, Nigeria y Chad. Quince países en total, entre miembros permanentes y no permanentes.
Panorámica: lugar del almuerzo: el Salón Comedor de los Delegados, que tiene una espectacular vista a la parte este de la bahía de Manhattan. Dato curioso: de lunes a viernes allí se ofrecen almuerzos bufett por 35 dólares (22 mil pesos chilenos). El chef Carlo von Mühlenbrock es el cerebro y las manos tras el almuerzo a los dignatarios, contratado por el gobierno chileno para dar vida al «Menú nerudiano», como se lee en la invitación despachada en inglés y español a 35 personas, y que el mismo cocinero presenta en prosa y verso, parafraseando las «Odas elementales de Pablo Neruda». Así Carlo cuenta: «Qué más emocionante para un chef presentar su cocina al mundo entero».
Neruda: «Los invito a probar el maíz en olla ilustre de entrada (pastel de maíz con pebre de alcachofas), para luego disfrutar con una anguila gigante de nevada carne (caldillo de congrio) y unas chuletas de cordero con sal que canta (chuletas de cordero con sal en escamas), para terminar con un postre de ciruelas y almendras chilenas acompañadas con frutas del fin del mundo (turrón de ciruelas y almendras)», versa un inspirado Carlo.
Así, en chileno bien castizo, los funcionarios de la ONU comieron humitas, pebre de alcachofa y salmón de Chiloé. Hubo vinito blanco y tinto para maridar; churrascas, pan amasado y sopaipillas para picotear. Suave la cosa.
Ricas calorías: sabroso, contundente y súper calórico menú del cual Carlo declara: «Estoy muy orgulloso que esta muestra tenga la enjundia de nuestro país». Los comensales lo aplaudieron, degustaron pisco sour y una versión chilensis del tradicional «Manhattan», y que ayer le llevó pisco chileno en lugar de whisky.
Bajativo: Bachelet brindó con sour y ofreció unas palabras: «Como en las odas de Neruda, que transforman lo ordinario en extraordinario, este menú transforma productos comunes y sabores chilenos tradicionales en maravillosos e inspiradores platos». Mauricio Banchieri, encargado de la oficina de ProChile en Nueva York, acotó: «Este menú representa lo mejor de Chile y su oferta exportadora. El congrio fue especialmente traído desde Chile», remata.
La poesía al microondas
Rodolfo Gambetti
Exijamos que en reuniones cumbres el menú diga algo como «en el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne». Pablo Neruda pudo, y le salió tan bonito. Y no parece difícil.
Obliguemos a los chefs a describir poéticamente las cebollas sofritas, el traqueteo de la licuadora haciendo la mazamorra y la destreza, casi troyana, del muchacho que filetea pescada. Claro, evitando rimas, como «y aquí viene esta carne fina que revolqué en suave harina». Para nada.
Por cierto, con la obligación de hacerlo en dos idiomas. Y si «el» es anguila, arréglenselas para explicar en una palabra a los gringos que nos referimos a nuestro resbaloso y rico congrio. Pero ojo: es seguro que el encargado de la impresora se coma alguna letra y en vez de «anguila» escriba «angina» o algo peor.
Una pena: no hay salud para exigir a los cocineros que tengan la tremenda vena poética. Ni al pesado de Yann Ivin se le ocurriría pedir que hablaran de «la pacífica pasta de corazón verde» o de «la sal que canta acompañada de tomates asados». ¿Qué tienen que ver las técnicas culinarias con la métrica? El drama es un banquete de cumbre mundial: para un patache en la Fuente Alemana encontraríamos en los textos de Pablo de Rokha material de sobra para hacer un sustancioso menú. Pero así, de punta en blanco, no hay quién deje boquiabiertos a los literatos hablando de unas papas fritas en mantequilla. Aunque queden perfectas.


