El misterio del reloj que se para a cada rato

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Emblemático aparato de la Escuela de Derecho, por enésima vez, en reparaciones

Puede dejar de funcionar por un terremoto hasta por enchufar una aspiradora.

Al final de una destartalada escalera ubicada en el último piso de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, se encuentra la ventana con la vista más maravillosa de Santiago, pero que solo puede ser abierta por un puñado de personas, que son las que conocen la clave secreta para abrirla. Pero bueno, ya revelaron el secreto de Fátima y quizás sea el tiempo de revelar la clave de esta condenada ventana. Y la clave es la siguiente: 3:15.Faltan pocos minutos para las 13:00 horas y José Benavides, uno de los conocedores de la clave, tiene la ventana abierta de par en par. Se ve el Mapocho, la Plaza Italia y la cordillera. Hermoso. Pero Benavides no subió la destartalada escalera para contemplar el paisaje, sino para reparar un aparatito muy famoso y útil que se echa a perder varias veces al año. Se trata del reloj de la Escuela de Derecho, instalado en 1938.

«Esto que parece una ventana es el centro del reloj y para abrirla no hay que usar una llave, sino que hay que ponerlo a las 3:15 horas, como si fuera una caja fuerte», explica este técnico de la empresa Tecnomatic Chile, encargada de la mantención del armatoste. «Ahora estamos mejorando la luminosidad de los minuteros».

Por dentro el reloj gigante pasa por cualquier cosa menos por un reloj gigante. No hay péndulos, pesas, ni engranajes enormes, sino apenas una pequeña cajita que contiene un motor y una batería. El reloj funciona a base de electricidad y cuando se corta el suministro, entra en acción la batería. Si el reloj está detenido es porque a la batería se le acabó la energía.

Rodrigo Contesse, también de Tecnomatic Chile, explica: «El reloj se abastece de un circuito eléctrico ubicado en el cuarto piso de la facultad. Y a veces, cuando en un enchufe se conecta una pulidora de piso, por ejemplo, o una aspiradora, la protección termomagnética que llega al reloj se cae y entonces empiezan a funcionar las baterías. Pero las baterías duran dos o tres días y entonces nos llaman a nosotros para echar a andar el reloj nuevamente. La última vez que se había detenido fue para el terremoto».

Contesse dice que se podrían realizar mejoras para que esto no ocurra, pero que no hay mucha voluntad para hacerlo. «De hecho, hasta queríamos ponerle una campana para que sonara cada hora, pero no quieren. En fin».

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