La derrota de su equipo, Newells Old Boys, lo hizo tristemente famoso
Dante está bajo tratamiento psicológico, gritó desconsolado el padre después de tanta burla.
El pasado sábado 5 de diciembre, Newell's Old Boys recibía en su cancha al modesto Arsenal de Sarandí, el equipo con menor arrastre de la Primera División argentina. A tres fechas del final del torneo de apertura, el cuadro rosarino entraba al campo con la responsabilidad de recuperar el liderato de la tabla de posiciones. Casi cuarenta mil personas se habían congregado para presenciar un «trámite» que dejaría a los rojinegros -los amados «leprosos» de nuestro Marcelo Bielsa- a las puertas de su primer título desde el 2004.
En el fútbol, sin embargo, sacar cuentas alegres antes de tiempo es un deporte peligroso. Esa noche Newell's no pudo resistir la presión de la punta: el equipo fue un irreconocible manojo de nervios que tiró por la borda todo lo bueno que había hecho durante el campeonato. Arsenal -que jugaba sólo por el honor- convirtió dos goles de entrada; la reacción local del segundo lapso apenas alcanzó para anotar un descuento que no sirvió de nada. 1 a 2 fue el marcador que mandó los sueños de la multitud al tacho de la basura.
«Así, en un suspiro o dos, como un nene que pierde el dulce en el arenero, a Newell's se le llenaron los ojos de lágrimas», resumió el periódico deportivo «Olé» en su edición del día siguiente al desastre. En efecto, muchos de los presentes en esa infausta jornada en «El Coloso del Parque» -hoy rebautizado como «Estadio Marcelo Bielsa»- sollozaron al término del match. Su querido Ñuls, un cuadro que suele ser tildado de «arrugón», «amargo» o «pecho frío» en instancias claves, les había hecho pedazos las ilusiones. Y uno de esos hinchas, un niño grandote, se haría famoso por su destemplado llanto.
«Sin aliento»
Dante Bartomioli, muchachón de 16 años, había concurrido al estadio junto a su papá con el afán de comenzar a probarse la corona de campeón. Fanático furibundo de Newell's, detestaba como cualquiera de los suyos a sus archirrivales de Rosario Central; de hecho, ese día lucía con orgullo una camiseta donde trataba de «Sin Aliento» a sus enemigos.
Cuando la inesperada derrota estaba a diez minutos de consumarse, las cámaras de «TyC» enfocaron los semblantes desencajados de los testigos presenciales del pequeño drama. Durante algunos segundos, cientos de miles de espectadores de la transmisión televisiva pudieron contemplar el silencioso gimoteo del robusto Dante; horas más tarde, la conmovedora imagen sería repetida en el programa «Fútbol para Todos». Las lágrimas del niñito reflejaban la tristeza de una hinchada condenada a sufrir. Semanas después los bonaerenses de Banfield alcanzarían su primera estrella, dejando definitivamente a los «leprosos» con las ganas.
A todo Facebook
La historia debiese haber acabado ahí, pero la pasión desbordada con la que se vive el balompié allende los Andes hizo lo suyo. Al día siguiente de su lloradera, Dante era protagonista de un carnaval de burlas de adeptos a Rosario Central, cuadro que aunque en los últimos años transita por derroteros deportivos aún más tristes, celebra como victorias los fracasos del rival de la ciudad. Armados de Photoshop, los hinchas ocuparon la carita triste del panzón para ilustrar docenas de afiches virtuales donde se mofaban del lloriqueo del enemigo; en foros de la hinchada, fotologs e incluso en videos de YouTube el rostro del chiquillo era reproducido hasta el infinito.
Todavía «El Gordo de Ñuls» era un individuo ridículo pero anónimo; urgía saber su nombre para sofisticar la afrenta. «Unámonos para saber quién es el gordito llorón», se publicó en un foro de Central. Un par de días después alguien logró identificarlo con nombre y apellido; sin mayor trámite, el muy canalla lo delató en el sitio de «TyC Sports». El mensaje -lleno de insultos y horrores ortográficos- fue el siguiente: «Festejen ahora, festejen a ver como hasen. El gordito lloron y pechofrio q lloraba como nena se llama Dante Bartomioli, es de Zavalla y lo conosco de la escuela. lloron y amargo como todos los leprosos JAAAAAAAAAAJAAJ» (SIC).
Pobre Dante
Entonces otro espontáneo creó en Facebook el grupo «Yo vi llorar a Dante Bartomioli», que en cosa de horas reclutó a cientos de adherentes. Así, la vida del pobre cabro se convirtió en un infierno de pueblo chico. En Zavalla, la localidad vecina a Rosario donde reside, la gente de Central le hizo la existencia imposible. «El hostigamiento de ‘pecho frío', ‘llorón' y ‘gordo mamón' se hizo una sana costumbre, por lo que el bueno de Dante permaneció unos buenos días encerrado en su casa», resumió irónicamente el popular blog pelotero «La Redó». Durante esa semana la gente le gritaba cosas en la calle y su cara de pena fue reproducida en espacios televisivos y diarios deportivos como sinónimo de la vergüenza de Newell's.
Lo razonable quizás hubiese sido aguardar a que la tontera amainara; la familia del afectado, harta de la mofa, decidió pasar al ataque. En un libelo presentado ante la justicia rosarina, Jorge Bartomioli -padre de Dante- demandó directamente a algunos de los sitios de internet más visitados y poderosos del mundo: Facebook, Google e incluso Taringa!, portal de descargas que vive al borde de la ilegalidad. ¿El argumento de la acción legal? El honor de su hijo había sido menoscabado y mancillado aprovechando el anonimato que brinda la red.
«Dante está bajo tratamiento psicológico. Él era un chico tranquilo y se volvió muy agresivo, se pelea todos los días con alguien distinto por la misma causa. Durante esos días tuvo que rendir materias y a pesar del calor se tapaba la cara con un buzo para que no lo reconocieran», explicaba el padre. «Su imagen se convirtió de la noche a la mañana en una suerte de bandera de burla y mofa empleada por miles de personas quienes insultaron, agredieron verbalmente y humillaron de diversas maneras al hijo del demandante a través de espacios públicos de internet», complementaba la demanda.
Justicia
El veloz fallo emitido la semana pasada por el juez civil Eduardo Oroño les dio la razón y ordenó a los sitios involucrados borrar las fotos del joven hincha «leproso», arguyendo el derecho constitucional de cualquier ciudadano «a la intimidad y la propia imagen».
«Al chico se lo degradó y humilló y estuvo muy mal por ello; este sitio debería tener una evaluación de lo que sube porque de lo contrario cualquier foto ingresa y se generan ataques y burlas. en Facebook debería intervenir un moderador», expresó el abogado querellante Gerardo Casadei al conocer el dictamen. Tras ello, anunció que demandaría a la red social por daños y perjuicios, aunque enigmáticamente advirtió que no buscaría «compensaciones materiales». Hasta ahora la bombástica querella no se concre


