Fue el más duro de los ex mandatarios en cumbre concertacionista
Haraquiri masivo se convirtió en una calculada reflexión que blindó el proyecto colectivo.
La cafetería del estadio El Llano, de San Miguel, congregó a cuatro ex mandatarios alrededor de una humilde mesa. Era la cita cumbre del cónclave concertacionista, la instancia catártica con que la ex coalición gobernante pretendía restañar las heridas de la derrota electoral.
Convocados a la reflexión se paseaban dirigentes, ex parlamentarios, ex ministros, diputados y políticos de mayor o menor espesura. Se formaban grupos intra partidarios y brotaban versiones de lo que ahí se trataba. El futuro del PS, la elección del PPD, la aparente tranquilidad de la DC, la indescifrable parsimonia radical.
El plato de fondo, la instancia fuerte y más simbólica, se desarrolló en el salón principal del centro de eventos, coronado por una bola de espejos que seguramente gira cada vez que hay bailoteo. Ayer no brilló porque la idea era escuchar a los ex presidentes de la República, reunidos como prueba de que pese a la debacle, el conglomerado sigue siendo una alternativa.
Patricio Aylwin fue conciliador, Ricardo Lagos usó su estridencia habitual y Michelle Bachelet habló con la autoridad de haber sido la última de ellos en La Moneda. Pero lejos el más punzante fue Eduardo Frei. «Se ha debatido mucho sobre esta reunión, que era un cónclave, un haraquiri, buscar culpas. Este es el inicio de un proceso, es bueno juntarnos y dialogar, estoy dispuesto, pero no me voy a prestar para hacer todos los mea culpas frente a los medios de derecha que pretenden desprestigiarnos», lanzó tan intenso como cuando dijo que no era posible dejarle tanto dinero a un eventual gobierno aliancista.
«A la clase media le pegaron el primer pencazo al terminar con el impuesto a los combustibles», mencionó entre una larga lista de reproches a la administración aliancista.


