Protagonista de la potente serie de HBO
Acá no hay superhéroes, sólo villanos. Y aunque sea un mafioso, uno espera que se salga con la suya.
En Ciudad Gótica los personajes más interesantes han terminado siendo los villanos. Muchísimo se ha lacerado a Guasón por su segunda película, quizás porque no se ha entendido la nueva dimensión más humana y frágil que ha abierto para un personaje antes caricaturizado para su rápido consumo. Ahora mismo está en la mitad de temporada la serie ‘El Pingüino', en HBO y Max, relativa al otro gran malvado de ese universo, un tipo contrahecho que resulta muchísimo más intrincado de lo que podría parecer a simple vista. Es un gangster brillante para armar conspiraciones, claro, pero además resulta un tipo lleno de temores, inseguridades, complejos y una enorme necesidad de cariño. Un criminal siempre menospreciado por su apariencia que ha desarrollado un instinto de supervivencia alimentado de rencores de larguísima data.
La adición de estos y otros ingredientes ha entregado a la televisión un personaje más emparentado a Tony Soprano que a un simple villano. Todo en ‘El Pingüino' es un lujo. La interpretación de Colin Farrell afeado al extremo, la historia sobre el dominio de las distintas familias criminales y la cruel Sofía Falcone, que gracias a la actriz Cristin Milioti consigue una mirada perturbada y frágil al mismo tiempo.
El show ofrece, sin embargo, una dimensión que excede el crimen. Esa puerta es abierta por Vic, un muchacho latino que se convierte en el ahijado del mafioso. Confesiones y dolores compartidos van convirtiendo a ambos en una suerte de familia.
Para enmarcar esta historia se encuentra Ciudad Gótica, un sitio decadente, traumatizado y carente de toda esperanza. Refleja a un gentío cuyo espíritu ha sido aplastado por el consumo y la abulia.
De una manera, este Pingüino obeso y desfigurado tiene mucho en común con el Guasón de Joaquin Phoenix: tipos pateados por la vida que representan la cara más enferma de la sociedad a la que pertenecen. No son víctimas ni emblemas de las injusticias, más bien daños colaterales del modelo.
Visto lo visto, quién necesita a Batman.


