Javier García Choque, alcalde de Colchane, evalúa la presencia militar en la frontera con Bolivia
Autoridad comunal dice que el Ejército ha controlado el ingreso de drogas, pero no ha frenado la migración irregular.
Los tres puestos de observación fronteriza que existen en la comuna de Colchane, ubicada en la Región de Tarapacá justo frente al poblado fronterizo boliviano de Pisiga Bolivar, no han logrado atemorizar a quienes quieren ingresar a Chile por pasos no habilitados. Pese a que Javier García Choque, alcalde de Colchane, destaca el esfuerzo del gobierno en incrementar la tecnología para vigilar la frontera y aumentar la presencia militar en la zona, asegura que el Estado aún no encuentra una manera efectiva de detener la migración irregular. «El Ejército no tiene la capacidad logística para detener a la cantidad de personas que ingresan diariamente y cuando los detienen no pueden albergarlos a todos porque el lugar, que tiene capacidad para recibir a 180 personas diarias, está colapsado», relata García.
¿Cuál es la situación actual en Colchane, alcalde?
«Por mucho militar que tengamos, el problema es que Bolivia no recibe a las personas reconducidas que no sean bolivianas. No existe posibilidad de que el Ejército pueda devolver a los migrantes irregulares a Bolivia, que es el país de procedencia. Simplemente no los reciben».
¿Qué pasa con esas personas, entonces?
«Están ingresando a Chile de una u otra forma, por sus medios, por un paso no habilitado o cambian de ruta. Hoy no existe una acción que haya sido efectiva para impedir el ingreso de personas por pasos no habilitados y menos si no tienen documentos de identificación».
¿Por qué los militares no han frenado el ingreso?
«Porque no tienen la facultad de detenerlos. Lo que hace el Ejército es revisar si las personas taren algún elemento prohibido, armas o drogas; y en caso de que sean niños los conducen al refugio de manera voluntaria porque tampoco pueden trasladarlos a la fuerza. Eso lo hacen y bien. Una vez que llegan a ese lugar, les piden antecedentes y documentos de identificación para luego dejarlos en libertad. Las personas buscan cualquier medio para llegar a Iquique u otro destino. Ese, digamos, es el proceder que tienen los migrantes. En ningún momento hemos visto que el Ejército devuelva a las personas o impida su entrada porque no pueden. No se ha visualizado ningún acto con el objetivo claro de impedir el ingreso. Es más bien algo presencial, disuasivo y de asistencia humanitaria».
¿Qué sugiere?
«No hemos visto avances en el diálogo del gobierno con Bolivia. Hablan de conversaciones, pero necesitamos saber si en el contenido de esas conversaciones se ha tratado el tema de cómo reconducir a los migrantes irregulares que ingresan por Bolivia y no son bolivianos porque ese es el problema actual».
Las Fuerzas Armadas comenzaron a tener más atribuciones en las fronteras del país en marzo del año pasado. Esas atribuciones, que se prorrogan cada 90 días, consisten en apoyar los controles, las revisiones y detener a personas para ponerlas a disposición de las policías. «Lamentablemente desde que se militarizó la frontera se ha visto alterada también la vida de los vecinos de Colchane y de Pisiga Bolivar», menciona el alcalde.
¿Cómo es su relación con los vecinos de Pisiga?
«Siempre ha existido tránsito entre Colchane y Pisiga. Finalmente se sanciona a las personas que tienen documentación, a los vecinos de ambas comunidades que siempre han transitado por la zona. A los bolivianos que ingresan por un paso no habilitado los reconducen, sancionan y les prohíben el ingreso por un tiempo».
¿Por qué no pasan por el paso habilitado?
«Porque hace poco que tiene una extensión horaria más amplia, pero meses antes el horario era muy reducido y los vecinos pasaban por cualquier lado porque iban o venían a abastecerse. En Colchane no tenemos supermercado y muchas personas van a Pisiga Bolívar a comprar. También tenemos a 80 niños bolivianos que asisten a clases a un colegio en Colchane y deben cruzar diariamente».
Existe una tradición de comunidad.
«Exactamente. Los niños pasan solos porque existe una realidad cultural que es de esa manera y el Estado no le ha puesto atención a eso. Nosotros proponemos que el gobierno implemente una tarjeta de tránsito vecinal con el objetivo de que nuestros vecinos puedan transitar de manera más expedita, para que los 80 alumnos bolivianos puedan venir a clases sin tener que hacer una fila de dos horas en el paso fronterizo. Colchane es una comuna Aymara dividida por dos estados. Es muy difícil para nosotros decirle a la gente que no vaya comprar el pan a Bolivia».


