Lleva tres años dando décimas extra a quienes llegan caracterizados a la primera prueba de septiembre
Ernesto Canales (29) dice que los propios alumnos le piden repetir la actividad. Los de primero son los más entusiastas, dice.
Es algo así como un «jeans day», pero al revés: en vez de sacarse el uniforme, sus alumnos universitarios se ponen chupallas, mantas, gorros de lana, vestidos floreados, máscaras gigantes, awayos y todo tipo de prendas típicas de distintas zonas de Chile. El premio por llegar así a la prueba o presentación son tres décimas adicionales.
El responsable es Ernesto Canales González (29), ingeniero en Turismo y Hotelería, nacido en Curicó y criado en Teno. Lleva cinco años haciendo clases en carreras relacionadas con turismo, hotelería y marketing turístico, y desde hace tres repite la iniciativa cada septiembre. Entre sus alumnos, de hecho, ya se ganó un apodo: «el profe de los trajes típicos».
Cuenta que la idea viene de su época escolar. «En mi colegio teníamos el Día de la Chilenidad. Íbamos con el traje desde las ocho y media de la mañana hasta la hora de salida. Había juegos nacionales, bailes típicos, shows y comíamos comida típica», recuerda. Cuando empezó a hacer clases en la universidad echó de menos algo parecido.
También encontró que la actividad tenía bastante que ver con lo que enseña. «Dije: qué mejor que un estudiante de Turismo sepa de cultura, identidad y de los trajes típicos de las distintas zonas». En Destino y Productos Turísticos, precisamente el ramo de los alumnos del video que se viralizó, trabajan sobre las experiencias que puede ofrecer un lugar. «Hoy en día la gente compra eso, lo memorable, la experiencia», explica.
La regla es sencilla. Si alguno de sus cursos tiene una prueba, control o presentación a principios de septiembre quien quiera puede llegar caracterizado y sumar tres décimas. No es obligatorio. «Un alumno me decía: Profe, le saqué esto a mi papá; otro sacó el gorrito de lana de su mamá», relata. Incluso algunos padres le han agradecido que sus hijos vuelvan a usar prendas que llevaban años guardadas.
Los atuendos de Rapa Nui son de los que más se repiten. «Me ha tocado dos o tres veces y casi siempre son mujeres.
Algunas se ponen flores, se peinan o se pintan para completar el personaje. También han llegado huasos, chilotes y alumnos con vestimenta mapuche. Una vez uno llevó la definición al límite. Me dijo: Profe, yo soy futbolista chileno, y llegó con la camiseta de Chile y toda la indumentaria. Igual salvó», recuerda entre risas.
Dice que los estudiantes de primer año son los que más se entusiasman y ya en tercero baja la convocatoria. «No se obliga a nadie», recalca.
La actividad se transformó en una pequeña tradición. Los alumnos se pasan el dato entre generaciones y son ellos mismos quienes le preguntan cuándo viene la jornada de los trajes. «Ellos lo piden. Ese día se sacan fotos y graban videos. Una alumna hizo un TikTok mostrando los trajes de sus compañeros, incluso terminaron bailando cueca».
¿Qué traje de un alumno lo ha sorprendido más?
«Una chica llegó de Rapa Nui y justo ese día hacía mucho frío. Le di cinco décimas porque ya era demasiado. Le dije: No quiero que te resfríes, abrígate. Y ella me decía: Profe, es que yo quería venir de esto».
¿Ha pensado en subir la exigencia, hacerles preguntas o pedir trajes más elaborados?
«No creo, porque al final uno no sabe cómo está el bolsillo de cada alumno. Si pongo más exigencias van a gastar plata y esa no es la idea. Prefiero que se consigan cosas y reutilicen. Parte de esto también es que vayan innovando».
¿Y usted se disfraza o solamente manda a los alumnos?
«¡Sí, voy vestido! Este año fui de la Diablada».


