Pese a que almorzó con Fulvio Rossi, no significa que deje aún de ser díscolo: En el PS no hay una maduración total. Falta, dice.
Anda agotado el senador Alejandro Navarro. 2009 fue maratónico: primero la creación del MAS, luego su fugaz carrera presidencial, después MEO, luego su señora candidata, luego Frei, y al final, nada. Y todo unido a la emergencia de salud de su hija Antonia. «Pero ahora vamos a echar la carpa, los sacos de dormir, los colchones inflables», dice, «y nos vamos a Chiloé».– ¿Cómo está su hija?
– Muy bien. Muy activa, ejecutiva, díscola, guerrera. Es la segunda batalla que gana para mantenerse viva. Se queda con la mamá y yo me llevo a los otros chicos en febrero.
– Y usted, senador, ¿sigue díscolo? Se le vio pololeando con Rossi ayer como para volver al PS…
– Como decía mi abuelo: «El que va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen»… Sin embargo, el MAS se ha ido consolidando y el proceso del PS no sólo debe ser de puertas abiertas, sino de mentes abiertas. Y no ha habido una maduración total. Falta.
– ¿Cierra la puerta?
– Nunca digas nunca…


