¿Ganar o servir? está superando a cualquier reality anterior en materia de pinchazos mecanizados y sin swing.
¿Se ha fijado en lo forzadas que están saliendo las relaciones de pareja en «¿Ganar o servir?» Es cierto que se han empezado a juntar participantes para intercambiar besos y caricias (algunos más que eso), pero casi por inercia, para matar los tiempos muertos, que en estos ejercicios de telerrealidad son un recurso abundante y antitelevisivo por definición.
Los primeros en hacer match fueron Raimundo Cerda y Gala Caldirola, le siguieron Fran Maira y Austin Palao y hasta el cierre de esta edición empezaban las escaramuzas amorosas entre Luis Mateucci y Daniela Colett. Esto último lo dejamos en puntos suspensivos ya que la ex de Eduardo Vargas («Turboman») se enteró este jueves (lo visto en pantalla, porque ya se ha producido un desfase temporal considerable entre lo grabado y lo exhibido) de que lo del argentino con Daniela Aránguiz se encontraba en stand-by. Lo supo de la boca de él mismo, que no le había entregado esta importante información hasta entonces. La proporcionó ante una pregunta de Karla Constant, que escucharon todos sus compañeros, el país televisivo y? Daniela II.
Le concedo que, al tenor de lo que ha mostrado Canal 13, Rai y Gala han llegado a palabras mayores en cuanto a intimidad en la letrina del lugar en que transcurre todo esto, pero hasta eso ha resultado más cercano a una necesidad básica, casi animal, que a la cúspide carnal de un proceso de encantamiento mutuo.
En realities anteriores los romances tenían un ritmo más natural, una mínima esencia romántica. Los participantes alcanzados por las flechas de Cupido empezaban como amigos y confidentes, después pasaban a los abrazos y regaloneos y recién al final llegaban los besos, «la acción».
Acá están como desesperados por emparejarse, siguiendo un instinto de supervivencia televisiva más que de corazón. La misma Faloon Larraguibel, en el rol de sirvienta, bañó de bastante mala gana a su señor, Austin, fastidiada porque han sido totalmente infructuosos sus denodados intentos por seducirlo.
La única excepción se da entre Claudio Valdivia y Blue Mary (María Almazábar), que le ha dicho en todos los tonos al hermano del Mago que quiere tener algo con él, pero el galán no se da por aludido, lo que da bastante cringe si uno se pone en los zapatos de la comunicadora radial y cantante.
Hasta los coqueteos entre Edmundo Vargas y Cari Bastías en «Amor ciego», epítome de lo más artificial y falso que pueden alcanzar las escenas televisivas, es más creíble que estos impostados pinchazos express.


