Skater y su padre tuvieron que dejar al resto de la familia en Auckland para cumplir su sueño
Volvimos a fines de marzo a vivir a Chile solos los dos. Renuncié a mi trabajo en febrero. Allá yo trabajaba como carpintero, revela su padre.
Ignacia Muñoz (13) nació en San Vicente de Tagua Tagua, en la Región de OHiggins, pero siendo muy pequeña emigró junto a su familia a Oceanía, donde empezaría su romance con el skateboarding, una disciplina que aunque tuvo su origen en los años cincuenta en las playas californianas, se masificó varias décadas después, sobre todo entre niños y adolescentes, que con arriesgados trucos sobre sus tablas quedan atrapados por la adrenalina que les genera ir sobre ruedas.
«Nos fuimos a Nueva Zelanda por una mejor calidad de vida y en búsqueda de tranquilidad, y allá empezó a practicar skate cuando tenía 9 años. En Chile nunca lo había practicado, porque se fue con 5 años del país», cuenta su padre, Sebastián, a punto de volver a Santiago junto a la menor de sus tres hijos desde Lima, donde se colgó la medalla de oro en los Juegos Bolivarianos, convirtiéndose además en la representante nacional de menor edad en lograrlo.
«Estoy muy feliz por mi triunfo. Y orgullosa, ya que era la más pequeña», cuenta Iggy, como la llaman sus cercanos (IG: @ignacia_skate), luego de superar a la local Doménica Ríos (14) y a la colombiana Nico Russi (14).
Muñoz hoy es la número 1 del ranking nacional adulto y la promesa femenina más importante que tiene Chile, pensando en una eventual clasificación a los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028. Y justamente ese sueño es el que cambió el día a día de la familia. Padre e hija dejaron atrás su vida en Auckland, y emprendieron el camino de vuelta al país donde ambos nacieron, dejando al resto de los suyos en suelo oceánico.
«Volvimos a fines de marzo a vivir a Chile solos los dos. Renuncié a mi trabajo en febrero. Allá yo trabajaba como carpintero, y mi señora, Macarena, corta el pelo, lava platos y ahora es chef de un restaurante. Ella sigue allá, no se puede volver porque nos apoya económicamente y sino no podríamos cumplirle el sueño a nuestra hija. Tengo dos hijos más, uno de 27, Nicolás, y otro de 15, Sebastián, que también están allá. Pero volvimos para hacer el ciclo olímpico hasta Los Angeles», cuenta Sebastián padre.
«Ignacia se profesionalizó este año, por lo que ahora entrena en el Estadio Nacional en doble jornada. Son aproximadamente ocho horas diarias, de lunes a viernes, a veces los sábados. Y la diferencia es que este deporte involucra estar muchas horas en el skatepark. Ella pasa ocho horas, que en realidad son diez con su almuerzo y su descanso. Y debo estar diez horas todos los días, sentado, mirándola, porque es un deporte extremo. Se necesita tener una tranquilidad y una paciencia únicas, así que eso es el como el punto de inflexión. Yo soy profesor de educación física, pero no puedo ejercer, ya que ella es muy chiquitita y tengo que estar muy pendiente. En la residencia del CAR nos dan una colación y hace la parte física en el CEO, donde hace ejercicios de estiramiento y fortalecimiento. Estamos aprendiendo de este proceso», añade.
¿Qué es lo que más le gusta de su deporte, Ignacia?
«Lo que más me gusta es disfrutar y hacer amigos».
¿Y tiene un ídolo?
«Sí, la australiana Arisa Trew, quien ganó la medalla de oro en el skate de Paris 2024, cuando tenía 14 años».
Iggy habla perfectamente el inglés y le cuesta un poco el español. Rinde exámenes libres en la escuela Enrique Yáñez González, de Tunca Abajo, en San Vicente, comuna que la ha apoyado en su preparación, y donde aún viven sus abuelos. E incluso se ganó un proyecto que presentó al Gobierno Regional de OHiggins, que pronto le construirá una pequeña rampa en la casa familiar. «Le servirá para que cuando estemos allá no pierda el ritmo», valora su padre.


