Guillermo Fellenberg, de la agencia Wallaby, analiza el uso de las redes sociales
El despertar de las redes sociales terminó por darle el mérito a Piñera de ser el primer Presidente en lidiar con esta nueva democracia.
En España, miles de jóvenes han salido a las calles a protestar por las paupérrimas condiciones laborales, en lo que se conoce como «la revolución de los indignados». En Chile, miles de ciudadanos se han manifestado en distintas localidades contra el proyecto HidroAysén. Aparte de la efervescencia social, ambas movilizaciones multitudinarias poseen un denominador común: el uso de Twitter como canal de alegatos y articulación de los sujetos que se sienten ofuscados y/o enojados con alguna situación.»La gente todavía no sabe las implicancias de Twitter. Con esta herramienta y otras, se logra una conectividad directa en función de sentimientos, emociones o de mensajes. La protesta que se hizo el año pasado contra la central de Punta de Choros se organizó completamente vía Twitter», tira, como primer argumento, Guillermo Fellenberg, gerente de desarrollo de Wallaby.
Esta agencia digital realizó un experimento en línea con el tema de las polémicas centrales hidroeléctricas. «En estas semanas se dispararon las cuentas de Twitter, los reclamos por esta vía y la participación. El 0,22 por ciento de todos los tuiteos del mundo el 9 de mayo tenía la palabra HidroAysén en el mensaje, según nuestras estadísticas», agrega Fellenberg.
Pese a que no se puede determinar con certeza cuántos mensajes se publican por día, la estimación llega a 140 millones. El 0,22 por ciento de ese aproximado corresponde a 308 mil tuiteos. Una barbaridad. Aparte de reunir el descontento de los chilenos virtuales, estos mensajes fungen como organizador de las manifestaciones populares, con un condimento extra.
«Twitter está permitiendo a la gente organizarse sola, sin líderes ni un político que convoque a las masas. Esto hace que las manifestaciones sean mucho más democráticas. Las redes sociales han desmentido la idea de que las personas no están ni ahí con la política. Cuando la gente tiene un tema que le interesa, se moviliza», explica este ingeniero experto en analizar la web. «La marcha de los pingüinos con Twitter habría sido aún más potente», postula.
Árabes y Piñera
Para Fellenberg, las rebeliones que ocurrieron en los países árabes poseen dos elementos únicos. «Internet les abrió los ojos a los habitantes de los países árabes sobre cómo era la cosa afuera. Ahí compararon su realidad y libertades con lo que había en el exterior. Eso generó bronca y las mismas redes sirvieron para organizar las revueltas», explica.
Aparte de la convocatoria misma, las redes sociales están modificando hasta la forma en que se protesta. «Dentro de una misma marcha, la gente tuitea qué hay que hacer, adónde están los conflictos, los carabineros, y hacia dónde hay que dirigirse. El tipo del megáfono fue reemplazado por el tuitero que cada uno elige seguir. Es una herramienta formidable», agrega.
-¿Qué le parece la situación que enfrenta Piñera?
-Es el primer Presidente al que le ha tocado lidiar con esta nueva democracia, el despertar de las redes sociales. Debe tener una estrategia para anticiparse a lo que podría pasar. Es difícil, pero se puede. Además, debería tener personas comunicando de manera creíble. Twitter ha hecho más que los políticos por atraer a los jóvenes a los temas más importantes.


