El Tony Kamo de los cachupines

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El encantador de perros es una poderosa y civilizada correccional de canes.

Perro muerto. «El encantador de perros» (TVN, sábado a las 22 horas) comienza siempre con la misma advertencia (en inglés, ya que el programa, «Dog whisperer» es producido en EE.UU.): «No intenten estas técnicas sin supervisión de un profesional». El experto en cuestión es César Millan (así, sin acento), un carismático émulo latino de San Francisco de Asís. Al seguir el espacio uno se percata de que dicho warning es más llamativo que necesario.

Casos clínicos. Las «emergencias» que atiende (siempre a domicilio) Millan son canes agresivos, glotones, flojos, de todo. Generalmente una pésima crianza es la culpable de los comportamientos de los animales. El caso más extremo ha sido el de Leo, un basset hound tan perezoso que su dueña debía arrastrarlo con la correa en la calle para moverlo y, ya en casa, cargarlo en brazos para que se bajara de la cama.

La caserita tiene antojo. El 90% de los dueños de estas mascotas son mujeres. Y algunas de ellas bastante deseables. Nadie me saca de la cabeza que cuando Millan somete a los perros-problema con su dedo índice amenazante y una mirada fija acompañada de un sonoro «shhhht» o cuando los agarra del pellejo para que le hagan caso, eso en las amas provoca algún grado de desorden hormonal.

Dejad que los perros vengan a mí. Básicamente lo que Millan preconiza es que no se críe a los cachorros como si se tratara de seres humanos, específicamente como «guaguas». Entrega, entre otras enseñanzas pseudomísticas, que «echar a perder a un perro no es igual a controlarlo» y les pide a sus cocorocas clientas «trata de ser esa energía que tu perro necesita que seas».

Oma. Lo más freak es el centro de rehabilitación sicológica perruna que mantiene nuestro perito. Allí hace caminar a los pacientes por una cinta de step para reducir el estrés acumulado. Todos los perros que conviven allí son sospechosamente pacíficos (para mí que están sedados o que escuchan mucho a Bob Marley).

Los quiltros no pueden esperar. Lo que echo de menos es una versión criolla de «El encantador de perros». No con Lindorfo como conductor, porque queremos que los cachupines sigan vivos, pero al menos un intento local por enseñarle a la gente cómo hacer para que sus regalones no se fundan.

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