Werner Keller explica qué está pasando con el macizo que ha marcado su vida
En 1971, cuando tenía 11 años, estaba en un campamento en Lican Ray y vivió una de las másferoces erupciones de este gigante.
15 muertos, 30 millones de metros cúbicos de lava bajando hacia el Lago Calafquén, evacuados en Coñaripe, Pocura, Traitraico, Quilentué, Llauquén, Chaillupén y Llanahue, tres meses de alteraciones geológicas de todo tipo y el niño Werner Keller, de 11 años, lo recordaría todo.
Hijo de inmigrantes alemanes, había nacido en Valdivia y el 29 de diciembre de 1971 estaba en un campamento de verano en Lican Ray. «Tuvimos que huir hasta un mirador seguro desde donde observé la erupción toda la noche», recuerda. El imponente macizo de 2.847 metros de altura le provocaría fastidiosas pesadillas, pero también grandes sueños. «Tengo una relación espiritual muy profunda con él. Eso no lo niego», resume Keller, quien hoy vive entre Villarrica y Pucón.
Una misión
Volcanólogo con un posgrado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España, fundó la Fundación Volcanes de Chile y creó el Proyecto de Observación Volcán Villarrica/Internet (POVI), que interpreta registros visuales, térmicos y sísmicos de su eterno objeto de estudio. «Es mi misión de vida», asegura.
Probablemente el concepto «misión de vida» no es suficiente. Otro dato quizás lo aclare: «Tengo un hijo, tiene 38. Cuando él era niño, siempre me decía papá, el Volcán Villarrica es mi hermano. Por algo lo decía, porque yo siempre al volcán lo tuve presente en todo», describe.
En su casa, todos los días, desde las ocho de la mañana y hasta por dos o tres horas, Keller revisa las últimas imágenes que captaron las cámaras que enfocan siempre al Villarrica e interpreta los datos de los instrumentos que vigilan la actividad telúrica del volcán. «Lo interesante acá es tener la capacidad para ser perseverante. No importa si usted tiene cumpleaños o está de vacaciones o está en el extranjero. El Volcán Villarrica es como una persona discapacitada que uno tiene que cuidarla las 24 horas del día», cuenta.
Las explosiones
El Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) informó este domingo un cambio en la forma en que el gigante pasaba sus días: «Las cámaras fijas y los sensores acústicos instalados en las cercanías del Volcán Villarrica han registrado una actividad asociada con explosiones de impacto restringido a nivel del cráter».
Werner Keller lo explica mejor. «La última actividad que nosotros registramos fue en abril del año 25, el año pasado, y los satélites, que están jugando un rol cada vez más importante en la observación de los volcanes, indican que el volcán empezó a calentarse. Tuvimos hasta ahora, hace tres semanas, una superficie de calor de 2.800 metros cuadrados dentro del volcán».
Explica que, en un sobrevuelo en helicóptero entre marzo y abril, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) descubrió un orificio o área de algunos metros de diámetro que registraba incandescencia dentro del cráter. «O sea, al rojo vivo, probablemente por efecto de los gases calientes que ascienden desde el interior. Ese orificio se ha mantenido hasta ahora estable. Ha estado siempre ahí, no ha sido más grande ni más chico», cuenta.
La energía
La actividad sísmica también aumentó, aunque levemente. «Ha sido muy, muy sutil. Uno podría decir que hay un 15 o un 20% más de liberación de energía», asegura.
Los instrumentos de la Fundación Volcanes de Chile también registraron el aumento de actividad. «El viernes fue la primera vez en 14 meses que las cámaras de infrarrojo de mi proyector detectaron incandescencia. Y eso significa, en términos prácticos, que hubo un pequeño incremento de temperatura en el fondo del cráter», cuenta.
Esa incandescencia no es fácil de ver a simple vista. «Lo que me llama la atención es que la frecuencia de esta incandescencia, que es intermitente de naturaleza, es muy baja. Eso significa que hoy día en la madrugada había hasta 40 minutos sin explosiones y que el magma tiene en el momento muy bajas concentraciones de gas. Para que el volcán aumente su actividad y tengamos activados los índices de gestión de riesgo y todo, o un ascenso de la peligrosidad del volcán, tiene que aumentar significativamente la sismicidad. Tenemos que poder ver balísticos, salpicaduras de lava que están saliendo del cráter. Nada de eso ha ocurrido. El volcán, a mi juicio, está absolutamente tranquilo. No constituye ningún peligro, ninguno, absolutamente. No veo que va a tener una evolución a mayor actividad tampoco», cuenta.
De todas maneras, este cambio en el Villarrica alegra a Keller. «Estuve más de un año sin que el volcán mostrara ningún signo de actividad. Imagínense lo aburrido que fue para mí», cuenta.


