Ejecutiva pilla de Valparaíso está lista para sobrevivir a cataclismos
Con tacos cuesta caminar, dice la porteña que dio la pauta para andar con las zapatillas a mano, dejar los tacos y correr sin tropezar.
Fuera rouge, rimmel, brillos, espejos, delineadores, brochas, cosméticos y joyas. Desde ahora todas esas cosas son lastre en la cartera de una mujer, sobre todo de las que viven en ciudades con vista al mar o las que trabajan en edificios que se remecen como coctelera con cada réplica.
Si hubo una lección que sacó Cecilia Ponce después del cataclismo 8,8 del 27 de febrero fue que no podía seguir yendo a trabajar tranquila con traje dos piezas y tacos. Ella es ejecutiva del Banco Paris de calle Esmeralda, en Valparaíso, y con tanta alerta de tsunami cortó por lo sano, vació su cartera y solo dejó cepillo y pasta de dientes, la billetera, desodorante y un par de zapatillas. Ese es su nuevo bolsito de guerra, que no está en el protocolo de alertas de la Onemi ni en ningún plan de evacuación, pero que ella está imponiendo como medida salvadora entre sus colegas.
«Mira», dice Cecilia y se para de la silla para hacer una demostración. «Cuesta caminar y apenas puedes correr. Si tambaleo, no sirvo para una alarma», explica mientras taconea y se desequilibra.
Cuenta ella que «había vivido terremotos, pero el de ahora me asustó mucho. En mi departamento se quebraban vidrios, se caían cosas y yo estaba sola con mi hijo. Así que como estamos a dos cuadras del mar, decidí dejar las zapatillas en la cartera para arrancar rápido», cuenta la mujer de 38 años, que vive en Viña del Mar y que se percató de la incomodidad de los tacos cuando vio a sus compañeras de pega tambaleando en la escalera durante una réplica fuerte y a sus vecinas tropezando con escombros botados.
Fabiola Arancibia, ejecutiva de ventas de LAN de Valparaíso, siguió instintivamente la pauta de Cecilia. «Me vine con ropa de calle al trabajo y me puse el uniforme en la pega. Además, dejé las zapatillas en la cartera, listas en caso de que pase como lo del jueves (dos mega réplicas). Viendo el caos y la desesperación de la gente, es súper útil», explica la guapa mujer de 39 años.
El otro artefacto que está reemplazando los estuches de maquillaje en la cartera es la vieja y querida linterna. Hay otras chicas que están llevando hasta pilas, radios pequeñas y cargadores de celulares, pero la luz es para Verónica Arancibia la prioridad. Trabaja con zapatillas en la gelatería Bogarín de Plaza Victoria y dice que «a veces salimos a las diez de la noche. Y si viene un terremoto y se corta la luz, uno tiene que tener algo para ver».


