Mariana y Mauricio Moreno representan a Chile en The amazing race, de Discovery Channel
Con sus eternas sorpresas, la realidad igual siempre parece poder estirar el chicle de lo verosímil, pese a que de repente algunos tipos vivos crean haberlo visto absolutamente todo. Eso fue lo que les pasó a los hermanos Moreno, unos simpáticos pen-quistas cuarentones y súper entusiastas, que de chicos vivían entre Brasil y Chile por el trabajo de su padre. Mauricio, arquitecto y dueño de una empresa de publicidad, era el fanático del programa y convenció a Mariana, quien vive en Rio de Janeiro desde hace 12 años trabajando como personal trainer, para que lo acompañara.
La idea era bien lógica: unir sus puntos fuertes, es decir, la capacidad de planificación de Mauricio y las habilidades out-door de Mariana. Pero no todo podía ser tan fácil y bonito. Justo dos meses antes de que «The
amazing race» partiese, vino un terremoto.
«Viví el terremoto en la piel. Antes de que ocurriese, ya sabíamos que íbamos a ir al programa. A mí creo que me forjó una capacidad de autonomía, porque vivimos una ‘experiencia amazing' en Concepción», cuenta todavía medio conmovido a través del teléfono el hombre que dio el inicio a toda esta aventura familiar.
La gran gracia de esta segunda temporada de «The amazing race», que se estrena el próximo domingo 26 de septiembre a las 23:00 horas por Discovery Channel, es que es 100 por ciento latinoamericana, así que los hermanos Moreno pelearán por el premio de 250 mil dólares junto a competidores de otras siete nacionalidades
Si en 2009 esto partió como una gran carrera, pronto se transformó en una odisea, una serie de competencia y aventura humana que en sus 13 episodios mostrará a las parejas recorriendo más de 21.000 kilómetros por ocho países de América Latina, en 25 días de competición. Demás está decir que el factor sorpresa, el mismo que sorprendió a los hermanos Moreno antes de entrar, es fundamental.
Mariana resume su sentir desde Brasil. «Fue muy complejo lo del terremoto, porque no podíamos comunicarnos, saber si estaban heridos, si les faltaba algo. Después de un buen tiempo, por mi hermana de Santiago logramos contactarnos y supimos que todos estaban bien, aunque con la racionalización y el toque de queda. Sólo podía rezar desde acá, lo que me hizo valorar más el sentido de la vida», explica.
«Nos pilló en todo sentido: la destrucción y los saqueos son experiencias que te llevan a un nivel de estrés muy alto. Eso aportó a forjar esa tenacidad y voluntad de superación que hemos tenido que tener día a día», complementa su hermano.
«Un terremoto o un ‘amazing race' son momentos intensos, que te hacen valorar la vida de forma diferente. A mí me cambiaron mi manera de pensar. Había estado dos semanas antes en Concepción y sabía que estaba bonito, organizado, muy próspero, y de repente veo en las noticias todo cayéndose y luego a la gente robando. Es una sensación de impotencia indescriptible», dice Mariana.
Y Mauricio la apoya desde el centro mismo de la destrucción, su querido Conce. «La reconstrucción que vivimos ahora no dice que estemos al 100 por ciento, muy por el contrario. A la carrera fui con mucho orgullo, a representar a mucha gente que hoy está en una muy mala situación. Ir al programa después del terremoto fue un valor agregado para nosotros, como le ocurrió a la Selección de fútbol en el Mundial de Sudáfrica, pero nosotros teníamos el recuerdo mucho más fresco, muy en la piel», se justifica.
10 kilos menos
Las expectativas de ambos eran distintas. Mariana pretendía aprender de las fortalezas de su hermano y apoyarlo en sus momentos más débiles. Mauricio, por su lado, buscaba dar lo mejor de sí, poniéndose a prueba con nuevos retos y límites. Para ello, se preparó viendo los episodios de las temporadas anteriores y estudiando como un obseso los mapas de las ciudades en internet.
Como si eso fuera poco, perdió casi 10 kilos andando en bicicleta y practicando natación. Mariana, a su tiempo, estudió la serie viendo los episodios de las versiones de Estados Unidos y América Latina, y entrenó corriendo, haciendo musculatura y alimentándose bien, como es habitual en una personal trainer.
Sus temores eran también diversos. Pese a su experiencia como andinista, Mariana les tiene miedo a las alturas. Mauricio, por su lado, no se sentía seguro con las pruebas de destreza física. En lo que sí estaban de acuerdo era en que si ganaban, dividirían el premio en partes iguales. A Mariana le encantaría hacer un viaje a Disney con su hija, invirtiendo todo lo demás en el futuro de ésta. Mauricio lo usaría para viajar con su esposa e hijas.
«Ambos somos competitivos en distintas áreas, así que sumando nuestras capacidades creíamos que podíamos ganar la carrera», plantea Mauricio.
«Yo vi ‘Conquistadores del fin del mundo' acá y estaba más enfocado a gente con experiencia deportiva. ‘The amazing race' tiene la gran gracia que se trata de duplas sometidas no sólo a exigencias físicas, sino sicológicas. El misterio es muy importante y eso hace que el producto televisivo sea más atractivo. Los televidentes no saben lo que viene después, cuando aparece una pista dentro del sobre. Lo mismo nos pasaba a nosotros. No sabíamos si teníamos una prueba de destreza física, una de ingenio o si íbamos a tener que trasladarnos de país», grafica entusiasmado el instigador de la participación de los hermanos Moreno en esta aventura.
«La presión es igual para todos, pero nos ayudó bastante ser hermanos. Un error de alguien puede llevar a que te trates mal, pero siempre conversábamos las cosas en las noches, así que nuestras diferencias quedaban aclaradas ahí mismo. Es súper desgastante estar en una competencia, pero la motivación de querer ganar siempre es fuerte. Aprendimos mucho y esto de pulir las asperezas, para nosotros que nos vemos dos veces al año, fue muy bueno. Los polos opuestos sumaban», estima Mariana, con su simpático tono medio chileno, medio carioca.
Las tensas peleas de la convivencia diaria
Sin conocer el itinerario ni los desafíos que les serían impuestos, víctimas de recursos limitados y disfrutando de escasas horas de descanso en una pelea constante contra el reloj, los competidores tuvieron que realizar diferentes tareas que, en la mayoría de los casos, exigían además de un excelente estado físico, gran determinación, fuerza de voluntad, coraje y creatividad.
Las pruebas tenían en cuenta aspectos geográficos e históricos, relacionados a las costumbres y tradiciones de cada país visitado, así que para muchos fueron inesperadas.
Además del esfuerzo físico y mental, los equipos, que estaban formados por personas cercanas entre sí (amigos, matrimonios, padres e hijos y hermanos), también pusieron a prueba los límites de su relación. Fueron días de aislamiento, sin acceso a teléfonos e internet y, por lo tanto, sin contacto con familiares o amigos.
Forzados a convivir a diario y obligados a tomar decisiones rápidamente, no faltaron momentos de tensión y conflicto, como se verá desde el primer episodio.
Compitiendo en el corazón sagrado de los mayas
Los parajes del programa son espectaculares, pues, sólo por remarcar un maravilloso ejemplo, su partida fue filmada en Guatemala, en el Parque Nacional de Tikal, paraje que es considerado nada menos que patrimonio de la Humanidad y como uno de los lugares sagrados del mundo maya.
El itinerario también incluyó playas, lagos, montañas, selvas, zonas rurales, poblados históricos y grandes centros urbanos en un recorrido que asombra por su majestuosidad.


